No quiero decir con el título de esta entrada que me esté dedicando profesionalmente al popular juego de cartas, sino al 'poker' de capitales europeas que en los últimos once días he visitado con mi madre y mi hermano.

En mi 30 cumpleaños, el 16 de Septiembre, partíamos hacia Londres, donde pasaríamos los primeros de cinco días de un pequeño interrail familiar. Dos días más tarde, el Eurostar que une Inglaterra con el resto de Europa por vía ferrea submarina a través del Eurotunnel, nos llevaba desde la capital británica hasta Bruselas, donde pasaríamos el día entero, antes de coger uno de los últimos Intercity de la tarde hacia Amsterdam, la última de nuestras paradas. Un día y medio en la capital holandesa, mi preferida del viaje, fueron suficientes para recorrer de nuevo buena parte de sus rincones más conocidos, y quedarme, con esta segunda visita, definitivamente saciado desde que fuera la primera vez.

Con una escala de tres días en Valencia después de regresar de los Países Bajos, partíamos de nu
evo 'el trío Camarasa', esta vez hacia Lisboa. Aprovechando la excusa de correr una media maratón, hemos pasado cuatro días increíbles en la capital lusa, donde hemos exprimido el tiempo al máximo, hasta el último segundo, y donde gracias a eso, hemos podido disfrutar de los enormes contrastes de una sorprendente ciudad que presenta mil y una caras distintas según el barrio por el que uno se mueva.
Con este European Poker Tour, como lo he bautizado, doy por terminadas las escapadas durante un tiempo y echo el ancla en Valencia de forma indefinida para centrarme en el nuevo año académico que ya está a punto de empezar.
Martes, 27 de Septiembre de 2011
Uno de los viajes más bonitos que se pueden hacer; una de las aventuras más espectaculares que una persona puede experimentar; una peregrinación que representa el camino de la vida, con los buenos y los malos momentos, las presentaciones y las despedidas, las señales que en ocasiones son abundantes y en ocasiones escasas, el sufrimiento y el dolor, la alegría y la satisfacción, la impotencia y las ganas de abandonar, el coraje y el deseo de lograr un sueño... Todo esto y mucho más es el Camino de Santiago, todo como la vida misma.
El Camino es una vía de espiritualidad, es una Camino de iniciación, de conocimiento. Hay quien lo entiende y lo ve, hay quien no ve más que las piedras, y hay quienes solo ven los bares. Todos, sin embargo, son buscadores de algo. (Tomas Martínez de Manjarín, el Último Templario del Camino de Santiago)
Hace casi cuatro años empezaba el Camino de Santiago. Después del último día de trabajo en la playa, un Bilman Bus me condujo durante aquella noche, mientras dormía, a la primera etapa de una de las aventuras que desde hacía muchos años tenía ganas de empezar.
Partía desde Roncesvalles un 10 de Septiembre de 2007, sin conocer exactamente lo que me encontraría en la antigua ruta de los peregrinos franceses y europeos hacia Santiago de Compostela, y, puesto que en aquel momento no tenía ningún proyecto a corto plazo, sin ni siquiera saber hasta donde iba a llegar...
En ese viaje a ‘lo desconocido’ cometí algunos errores importantes, como dejarme llevar por la ilusión e inexperiencia del primer día en una etapa de más de 60 kilómetros que unas tremendas ampollas hicieron que me acordase de aquella locu
ra durante el resto de la peregrinación; o cargar la mochila con demasiadas cosas innecesarias, demasiados kilos sin sentido, para un viaje que debe hacerse con lo justo e imprescindible. También aprendí algunas cosas importantes, como que en el Camino de Santiago, lo mismo que en cualquier otra gran aventura, aunque parezca que vaya en solitario, en realidad nunca estoy solo; o que aunque aparentemente todos los peregrinos estén haciendo lo mismo, la realidad es que cada uno está haciendo su Camino, único y personal.
Esta tarde, igual que en aquella ocasión, partiré desde la estación de autobuses de Valencia para retomar un Camino que por motivos de trabajo dejé cuatro años atrás, no desde donde me detuve, Burgos, sino desde León, ya que he tenido que ajustarme a los días libres que he conseguido acumular, con la intención, si todo va bien, de llegar en nueve etapas a Santiago de Compostela.
Domingo, 26 Junio 2011