Milagro en Navidad

Si en mi anterior entrada, que escribí la misma mañana antes de coger el primero de los vuelos de regreso a Valencia, comentaba que sería casi un milagro poder llegar a la cena de Navidad, hoy puedo decir que se vuelven a hacer realidad mis deseos, pues el viaje ha terminado, tal como estaba programado, sin ninguna sorpresa inesperada. ¿Qué más se puede pedir? Podría haber sido yo una de las tantas personas que se han quedado sin la posibilidad de llegar a sus hogares en estas fechas tan especiales, pero por la razón que sea, esta vez tenía que estar a mi hora en mi destino final.

La incertidumbre ha hecho todavía más especial mi llegada a Valencia, ya que hace tan solo dos días las esperanzas de poder estar en casa la noche del 24 de Diciembre eran prácticamente nulas, y sin embargo, hoy puedo dar las gracias a Dios que he completado mi soñada aventura alrededor del mundo con los más pequeños de los inconvenientes y la más grande de las satisfacciones.

Me siento una persona muy afortunada, porque soy de esos que suelen hacer de sus sueños una realidad. La gente me suele decir que para embarcarse en un gran proyecto como este se necesita mucho dinero. Yo no digo que no haga falta tener unos buenos ahorros para poder llevarlo adelante, pero lo que yo creo que es más importante todavía es tener mucha ilusión y hacer todo lo posible, todo lo que esté en las manos de uno, para vivirlo de la especial manera que se debe vivir un sueño. Así es como ha sido mi viaje, y seguramente sea por eso por lo que ha ido tan bien, porque tanta ilusión invertida en un proyecto que he tardado años en ir moldeando ‘solo’ necesitaba ir acompañada de la estrella que siempre he tenido a mi lado para que haya terminado de la forma que lo ha hecho.

Después de una experiencia inolvidable, de más de 50.000km repartidos entre doce aviones, siete autobuses y un crucero, cuarenta y dos días después, vuelvo de nuevo a casa cargado con una pesada mochila llena de mil y una increíbles historias de la mayor de las aventuras que se me ha ocurrido jamás.


Es justamente la posibilidad de realizar un sueño lo que hace
que la vida sea interesante (F. Coelho, El Alquimista)

Viernes, 24 Diciembre 2010

Un viaje con vacaciones incluidas

Llevo casi un mes de viaje, y durante todas estas semanas apenas había dedicado tiempo para no hacer nada, ya que siempre he procurado tener ocupado cada día con algo distinto. En Fiji he dejado de preocuparme por el tiempo, he aparcado las mochilas durante unos días y he dejado atrás las constantes lluvias de Nueva Zelanda para volver a disfrutar del sol y la playa. Con mi llegada a la Polinesia, he recuperado el clima tropical que perdí en Cairns hará unas dos semanas.

Beachouse ha sido mi hogar en Fiji, un espectacular resort para backpackers con más de cuatro hectáreas de jardín tropical y una paradisiaca playa de arena blanca, situado en la Costa de Coral de la principal de las más de 300 islas que forman el país: Viti Levu. Por su especial situación en medio de la nada, a medio camino entre Nadi y Suva y a unos 45 kilómetros de la ciudad más cercana (Sigatoka), no fue nada fácil llegar desde el aeropuerto, ya que era demasiado tarde (aunque solo eran las 16:30h) para coger un autobús que me llevara hasta el resort; pero bueno, una furgoneta en la que íbamos nueve personas se encargó de jugar su papel para darle ese toque de aventura que nunca suele faltar en mis viajes. El cómo llegué a colarme en una furgoneta que iba de camino a Beachouse en la que el único extranjero era yo es una larga historia que me ocuparía demasiadas líneas o incluso una entrada entera; esto es algo que prefiero contar en persona cuando tenga la oportunidad, ya que no tiene desperdicio...

Mis días en el resort los he dedicado a nadar un poco cada mañana sobre la barrera de coral, a aprovechar el acceso gratuito a internet para poner al día algunas cosas, y a ponerme las botas con todo tipo de comidas exóticas, como el gado gado o la kokoda, siempre bajo el ritmo de alegres músicas fijianas y canciones navideñas. Se me hace muy extraño escuchar este tipo de canciones que relaciono con el frío, la nieve y las cazadoras de invierno estando en la playa, sin camiseta, bajo un tremendo sol, y bebiendo leche de coco mientras estoy tumbado en una hamaca, pero así es el hemisferio sur en diciembre, especialmente las zonas tropicales, donde practicamente no existen las estaciones del año y adonde Papa Noel llega surfeando olas o haciendo esquí acuático.

Podría decir que esto han sido como unas pequeñas vacaciones dentro de mi viaje. No voy a decir que necesitaba un descanso porque de verdad me encanta viajar independientemente del medio de transporte que sea (a todos les encuentro su punto bueno), pero he de reconocer que me han ido muy bien estos días de relax después de haberme recorrido en autobús casi toda Nueva Zelanda en diez días, y justo antes de regresar hacia España en un largo camino que me tendrá entretenido unas 48 horas, siempre que todo vaya bien, claro, pues el temporal de frío y nieve que está azotando Europa está obligando a retrasar y cancelar muchos vuelos... A ver si sigo cogido de la mano de esta tremenda suerte que me viene acompañando desde el principio de la aventura y no me abandona ahora que estoy ya en la recta final.

No puedo creer que vaya a volver a casa después de tanto tiempo, de tantas experiencias vividas, de tantos sueños cumplidos de una sola vez. Esta noche vuelvo a cargarme a la espalda una mochila llena de fantásticos recuerdos para emprender un nuevo viaje, el que espero que se convierta en el deseo que me falta por ver cumplido en esta inolvidable aventura: que ningún imprevisto me impida proseguir mi largo camino hasta Valencia para que pueda sentarme a cenar con mi familia el 24 de Diciembre y disfrutar junto a ellos de la cena de la noche de Navidad.

Jueves, 23 Diciembre 2010

Ka Pīrangi koe ki te kanikani tahi tāua?

Rotorua ha sido mi destino estrella de la isla norte, la ciudad en la que he entrado de forma directa en el mundo de la cultura y tradiciones maorís, gracias sobretodo a la visita de día completo que tenía reservada al valle termal natural de Te Whakarewarewa, antiguo hogar de la tribu Arewa, en donde se pueden encontrar algunos de los elementos más característicos de este país: la actividad geotérmica, con algunos de los géisers más importantes del planeta, entre los que destaca Pohutu, que erupta un promedio de una o dos veces por hora durante unos quince minutos y que puede alcanzar hasta 30 metros de altura; Nga Manu Ahurei (casa de los kiwis), donde he tenido la oportunidad de ver por primera vez este singular ave que actualmente está en peligro de extinción y cuyas plumas eran utilizadas antiguamente como símbolo de poder en la confección de capas para los jefes tribales; la laguna Ngararatuatara, la cocina natural del valle en la que el agua que hierve a una temperatura de unos 95ºC es utilizada para cocinar verduras al estilo 'hangi'... Además, también hemos visitado Te Wananga Whakairo (la escuela de escultura maorí) y Te Rito (la escuela textil), de reconocida fama en el país por la belleza de sus obras, donde el arte pasa de las manos de los maestros a las de los jóvenes aprendices.

La jornada estaba siendo increible, pero no terminaba aquí, pues me había hecho con la más completa de todas las visitas: Te Pô Combo. Cuando a las 18:00h cerraban el valle para la visita diaria, entonces comenzaba Mai Ora (la experiencia nocturna) para quienes habíamos comprado la entrada combinada, primero con el tradicional Pôwhiri (ceremonia de bienvenida), tras lo cual continuaba la velada con un fantástico espectáculo en la casa de reuniones (Te Aronui a Rua), donde hemos podido disfrutar de algunas canciones y bailes típicos maorís, como el tititorea, poi dance, y, como no, el haka 'ka mate', el conocido baile guerrero que es representado como expresión de la pasión, el vigor y la identidad de la raza maorí por la selección nacional de rugby (All Blacks) antes de cada partido.

Hace unos días estaba en los glaciares y en Punakaiki, hoy en uno de los géisers más importantes del país, de modo que puedo decir que, en cuanto a fuerzas de la naturaleza, me llevo en el recuerdo un poco de cada una de las más representativas del país, ya que he visto con mis propios ojos algunos de los lugares que se han formado como resultado de volcanes, terremotos y glaciacionees. La experiencia en Rotorua ha sido increible, pues he tenido la oportunidad de conocer en primera persona algunas de las artes, leyendas, anécdotas y costumbres más características del pueblo maorí, gracias a lo cual, ya no me resultan tan extraños nombres como: paunamu, Kupe, Aotearoa...


Con una gran satisfacción en el cuerpo y el estomago lleno después de una espectacular cena en Te Puia que combinaba tradicionales y contemporáneos platos maorís, voy a descansar, pues mañana el despertador vuelve a sonar temprano para llegar a la última de mis paradas en Nueva Zelanda: Auckland.
Sábado, 18 Diciembre 2010

Haere mai ki Te Ika Maui

Después de mi experiencia en los glaciares, continúa mi viaje hacia el norte de Nueva Zelanda a lo largo de la famosa costa oeste de la isla sur, rica en una gran cantidad de parajes y lugares sagrados cargados de leyendas, tradición y cultura maorí, siendo el más conocido de todos ellos el Parque Nacional de Paparoa (Punakaiki), una maravilla de la naturaleza en la que se encuentran las famosas Pancake Rocks & Blowholes, formadas hace 30 millones de años por arena y pequeños fragmentos de plantas y animales en descomposición que se fueron depositando en el fondo del océano y que, gracias a que los continuos terremotos y actividad sísmica del lugar elevaron algunas decenas de metros los sedimentos y a que el viento, la lluvia y el agua del mar los han ido moldeando con el paso de los años, culminaron con la formación de este pintoresco paisaje.

Más de diez horas después der salir de Franz Josef llegaba a Nelson, la cuidad con el parque nacional más importante de Nueva Zelanda: Abel Tasman National Park; no digo que no me hubiera gustado ir a pasar al menos un día en este parque para hacer algunas de sus actividades más populares, como trekking o kayaking, pero hay tantas cosas que hacer y que ver en este país que, o se tiene mucho tiempo y mucho dinero, o se hace necesario elegir. En la isla sur yo ya había escogido la excursión a los glaciares como actividad estrella en la que invertir mi tiempo y mis dólares, de modo que Nelson no iba a ser más que una ciudad de paso en mi viaje, una parada en mi camino de menos de 24 horas antes de proseguir mi ruta hacia el norte.

Así pues, a la mañana siguiente partía hacia Picton, donde estaría menos de una hora hasta embarcarme en el 'Kaitaki', el más grande de los barcos de la flota de Interislander que une la ciudad más meridional de la isla sur con Wellington, la primera de mis paradas en la isla norte. Ha sido una pena que estuviera lloviendo desde el mismo momento de la partida, pero bueno, para algo está el chubasquero, ya que no estaba dispuesto a perderme las espectaculares vistas del recorrido hasta salir a mar abierto a través del canal de Tory y la bahía Whekenui, donde, segun cuenta la tradición maorí, el gran navegante Kupe mató al pulpo gigante que había estado persiguiendo a lo largo del Océano Pacífico. Por si no tenía suficiente con el tremendo panorama que tenía ante mi, hemos estado acompañados por unas dos decenas de delfines que han estando jugando con el barco durante unos cuantos minutos, algo que por supuesto no entraba en el precio del billete y que nos ha llegado por sorpresa a los que en ese momento estábamos en la cubierta.

Cuatro horas después de zarpar desde Picton llegaba al puerto de Wellington (Te Whanganui-a-Tara). Si preguntas a un europeo de a pie cuál es la capital de Aotearoa (el nombre maorí con el que se conoce a esta nación y que se traduce como el 'lugar de la gran nube blanca'), seguramente conteste que es Auckland, y así fue durante 25 años, desde que a principios de 1840 se firmara el 'Tratado de Waitangi', mediante el cual Nueva Zelanda se convertiría en una colonia británica, hasta que en 1865 decidiera trasladarse a Wellington debido a su proximidad a la isla sur y a su situación en el centro geográfico del país.


La isla norte es el hogar del mayor porcentage de la población maorí del país, alrededor de un 90% de ellos, no por nada sino fundamentalmente porque aquí el clima es mucho más cálido. Es percisamente en esta isla donde, con el permiso de la costa oeste y de Punakaiki, entro realmente por vez primera en contacto con su cultura y su gente, primero a través de la visita a uno de los museos más importantes del país: Te Papa Tongarewa, y a partir de mañana y durante los siguientes tres días, en Rotorua, la meca de la cultura maorí.

Jueves, 16 Diciembre 2010

Viaje a las Tierras de Mordor

Ya estoy en 'kiwilandia', y no porque Nueva Zelanda sea el país de la fruta del kiwi, sino por ser el hogar de su ave más representativa (que lleva este mismo nombre) y que es también el símbolo de esta nación.

Tres horas de vuelo separan Sydney de Queenstown, la primera de las múltiples paradas que tengo pensado hacer en este país, ya que la idea es recorrer buena parte de su geografía por carretera y mar desde el sur de la isla sur hasta el norte de la isla norte. Nueva Zelanda no tiene demasiada vida urbana interesante, pero sí mucha naturaleza, cultura y tradición maori, que puede encontrarse practicamente allá por donde vas.

Queenstown es conocida como la capital de la aventura, donde, entre otras atracciones, se puede practicar: rafting, paragliding, kayaking, sailing, skydiving, y como no, bungee jumping, que es, con el respeto del rugby y la vela, el deporte nacional. Yo no estaba interesado en ninguna de estas actividades, primero porque aquí apenas iba a estar medio día, y sobretodo, porque prefería invertir el dinero en otras cosas más interesantes desde mi punto de vista, como por ejemplo la excursión de día completo que tenía reservada para hoy en el glaciar Franz Josef, el más importante de los glaciares neozelandeses, junto con el vecino Fox Glacier.

Para llegar hasta aqui, ayer recorrí en autobús, bajo una intensa lluvia que hacía preveer lo peor para la excursión, los casi 400 kilómetros que separan Queenstown de Franz Josef. El viaje fue largo, con un total de seis horas y media, largo pero espectacular, pues Nueva Zelanda es toda ella un paraíso natural; fue en estos parajes por donde nos estábamos moviendo donde fueron rodadas buena parte de las escenas de la trilogía del Señor de los Anillos.

Parece que viajo solo, pero en realidad no es así, porque estoy siempre junto a una leal compañera que muy a mi favor no quiere separarse de mi ni un momento: hablo de la tremenda suerte que me persigue en cada nueva aventura que emprendo, pues siempre tiene cosas buenas reservadas para mi, aunque a veces piense lo contrario. Por ejemplo, si ayer creía que la de hoy iba a ser una excursión pasada por agua, el destino ha vuelto ser bueno conmigo y me ha regalado una espléndida jormada que me ha permitido disfrutar como un niño sobre el frío glaciar. He tenido también vista para colarme desde primera hora de la mañana en el grupo de cabeza del trekking, que a la postre ha sido por el que más sitios ha ido, el que más cosas ha visto y el que más arriba ha subido con mucha diferencia respecto al resto de grupos.

Con la satisfacción de ver cumplido un sueño más, mañana continúa esta aventura itinerante hacia el norte de la isla sur.

Martes, 14 Diciembre 2010

En casa de Cocodrilo Dundee

He estado en Queensland y he sobrevivido para contarlo, que no es poco con lo que me podía haber encontrado sin saberlo, lo que he visto de lejos, y lo que he preferido no arriesgar a ver de cerca para no tener ninguna sorpresa inesperada. Y es que supongo que aqui, en Cairns y alrededores, los padres no les dicen a sus hijos que no hablen con extraños o que tengan cuidado con los coches, no, mucho peor; lo que imagino que cada día se repetirá en las casas con niños que quieren salir a jugar un rato con sus amigos será que no se acerquen demasiado a las taipanes (las serpientes más venenosas del mundo), que no se quiten las zapatillas si van al mar no sea que pisen un pez piedra (el más letal de su especie), y que esten al tanto si quieren ir a la playa no sea que de repente aparezca un cocodrilo de agua salada para unirse a la fiesta.

Pues bueno, a todo esto y a algunas cosas más puedo decir que he sobrevivdo, porque mi primer día completo en Cairns lo dediqué integramente para bucear en la Gran Barrera de Coral, sin saber que en cualquier momento me podría haber salido una Hydrophis Melanocephalus, lo que viene a ser la 'serpiente marina de cuello estrecho', que está considerada como la serpiente acuática más venenosa del mundo, un tiburón de coral o incluso uno de los cocodrilos de agua salada que he mencionado antes y que hoy me he enterado que el de la zona suele medir unos seis metros y medio, ahi queda eso. Si además mi segundo día completo lo pasé en la selva tropical australiana más importante y también regresé sano y salvo al albergue, es otro motivo para estar contento, porque si Queensland es la región más peligrosa de Australia y Australia es el país con la fauna más letal del mundo, significa que estaba en el lugar más peligroso de la Tierra, yo, que no es que sea precisamente un amante de los animales.

Mis días en la Australia tropical han sido perfectos, con sol, buena temperatura (quizá excesiva humedad), en medio de un paraíso natural, con paradisíacas playas virgenes; si claro, virgenes para las personas, pero muy bien habitadas por: 'avispas de mar' (box jellyfish) e 'irukandji' (que están en una dura competición para ver cual de las dos es la medusa más mortífera del mundo); caracoles cónicos (cone shell, en inglés), que poseen una glándula altamente venenosa para la cual no hay antídoto; pulpos de anillos azules, cuya belleza contrasta con la potencia de su veneno, para el cual tampoco existe remedio alguno; 'cassouaris', una especie avestruz característica de la zona con una garra en forma de cuchillo en sus patas capaz de abrir en canal a quien se encuentre en su camino si no tiene el día bueno..., y así un largo etcétera de peligros marinos y terrestres que conviven todos ellos en esta región. Por algo esta es la zona de la Tierra en la que más cosas te pueden matar, y no solo hablo de estos temibles animales, sino que además, la guía nos ha contado que otra de las causas de muertes en Queensland es la caida de un coco sobre la cabeza de las personas; así que nada, hasta una fruta te puede matar en Cairns.

Me gustaria recuperar esta entrada del blog que publiqué hace mas de un año, cuando todo este viaje era todavía una fantasía, para darme cuenta que, aunque todavía no ha terminado la aventura, por lo menos sí parece ser que en cuanto a animales peligrosos ha pasado lo peor: http://rafaroundtheworld.blogspot.com/2009/05/companeros-de-viaje-con-los-que-no.html

Cuento esto como si este fuera el peor destino del planeta, pero es precisamente todo lo contrario, pues es el lugar más salvajemente natural que he visto en mi vida, con dos ecosistemas patrimonio de la humanidad que se llegan a tocar, algo único en el mundo: la selva tropical de Daintree, la más antigua de la Tierra con más de 135 millones de años, y la Gran Barrera de Coral, el ser vivo más grande del mundo con 2000km de largo. La experiencia en Cairns ha sido espectacular, y si tenía alguna duda de esta excursión de cuatro días, ahora si que puedo decir que de verdad ha valido la pena volar desde Sydney para ver con mis propios ojos toda esta maravilla natural y ser parte de ella en dos tours completamente distintos, uno en el agua y otro en la tierra, pero igualmente extravagantes.

Mañana estoy otra vez de vuelta en la civilización; dejo atrás el clima tropical y los primeros aborígenes que he visto en Australia, para pasar unas horas en Sydney, antes de encaminarme hacie el segundo de los países más importantes de Ocenanía: Nueva Zelanda.

Viernes, 10 Diciembre 2010

De campo y playa

Cuando hace una semana eché un vistazo al tiempo y vi lo que me esperaba en Australia no me lo podía creer, ya que, según las previsiones, no iba a tener ni un solo día de sol. Me parecía algo imposible de imaginar, sobretodo teniendo en cuenta que estamos en verano, aunque claro, después del temporal que tuvimos durante los cuatro días en el campamento de surf, ya me podía esperar lo peor. Por suerte para mi, la metereología ha dado un giro de 180º y las nubes y la lluvia han dado paso al sol y a las altas temperaturas.

Aun así, el fin de semana no empezaba del todo claro; el sol iba a hacerse de rogar. El tiempo era una incógnita el sábado a primera hora de la mañana, pero decidí jugarmela a ir dando un largo paseo hasta Bondi Beach, una de las playas más populares de la ciudad, a ver si con un poco de suerte cambiaba el panorama; pero nada de eso, todo lo contrario, pues la oscuridad del cielo se convirtió en un fuerte chaparrón en la tierra que hizo replantearme por momentos mi decisión. Yo estaba ya a medio camino para entonces y, muy acertadamente por mi parte, decidí seguir para adelante; total, la idea principal era ir a Bondi Icebergs para hacer unos largos en la piscina natural que hay al lado del mar, y, aunque hubiera preferido tener otro tiempo, mojado sobre mojado me daba lo mismo. El tiempo se relajó cuando llegué a la piscina, pero no me esperaba un recibimiento tan hostil en un agua que estaba a una nada agradable temperatura de unos 20ºC; todavía me entran escalofríos de pensarlo. El panorama invitaba a recrearse con las vistas, con las casitas pesqueras dispuestas al lado de un mar plagado de surfistas esperando la ola perfecta, pero apenas podía estar quieto por el tremendo frío que hacía en el agua; supongo que fue por eso por lo que hice una buena tirada de metros en la piscina.


El sábado por la tarde el sol se hizo definitivamente un hueco a través de las nubes y empezó a descargar su fuerza sobre la playa de Bondi. Esto fue un adelanto de lo que me esperaba el domingo, pues ya desde primera hora de la mañana, se anticipaba un día espectacular, con un sol radiante en el cielo y una temperatura estupenda para embarcarme en el ferry hacia Manly Beach, la segunda de las populares playas de la capital de Nueva Gales del Sur. Yo no soy de las personas que puede estar un montón de horas tirado en la arena tomando el sol sin hacer nada más que eso, me canso enseguida, por eso, para aprovechar al máximo el estupendo día que tenía por delante, he pensado que lo mejor era alquilarse una bicicleta y rentabilizar desde bien temprano los dólares que había invertido para recorrer todos los rincones de este atractivo suburbio de Sydney.

Casi seis horas después de dar mis primeras pedaladas y con unos cuantos kilómetros en las piernas, he cambiado las increibles cuestas por las que he estado moviéndome a lo largo del día por una abarrotada playa que me estaba esperando con los brazos abiertos. Era domingo, el día era inmejorable y después de una buena paliza, nada me apetecía más que un refrescante baño en el Pacífico, pero no ha sido tan a mi aire como me hubiera gustado, ya que aquí en Australia la playa sin reglas es para los surfistas, mientras que la gente de a pie que va a disfrutar del mar tiene restringida la zona de baño a la pequeña area comprendida entre las dos banderas bicolor (amarillo y rojo). Aunque parezca una tontería, a poco que uno se mete en el mar, ya no digo con el agua por la cintura, basta con que esté a la altura de las rodillas, uno puede darse cuenta de la violencia con la que golpean las olas en este país y lo peligrosas y fuertes que son las corrientes que se provocan en el camino de vuelta del agua mar adentro.

Ahora que el fin de semana practicamente ya ha quedado atrás, puedo decir que he tenido muchísima suerte con el tiempo, ya que sin su especial ayuda, no hubiera sido lo mismo, pues el sol y la excelente temperatura me han permitido llevar adelante las cosas tal y como las había planificado.

Domingo, 5 Diciembre 2010

El Ecuador pasa por Sydney

Dejo de lado el surf por un tiempo (aunque no descarto volver a subirme a una tabla cuando esté en Fiji) y, prácticamente cuando llego a la mitad de mi viaje, vuelvo a Sydney para explorar el máximo posible de los rincones y la cultura de esta ciudad. Son ya tres las semanas que estoy fuera de casa y, aunque es verdad que el tiempo ha pasado volando, son tantas las cosas que he hecho hasta el momento que parece que sean tres los meses que llevo de viaje.

Siempre antes de emprender una nueva aventura me documento mucho sobre los lugares que tengo pensado visitar, y Australia no ha sido una excepción. Suelo nutrirme bastante de la información que voy recogiendo en distintas páginas de internet, pero además, para este destino en particular, me ha servido de gran ayuda el libro 'En las Antípodas (Down Under, en ingés), del escritor americano Bill Bryson. Con este libro, que cuenta las peripecias del propio autor en su primera visita al país de los canguros, tuve la oportunidad de conocer desde un divertido punto de vista algunas de las historias de una isla que no fue descubierta hasta finales del siglo XVIII por el navegante británico James Cook, que es el hogar de dos de las recién nombradas Siete Maravillas del Mundo Natural: el monolito más grande e impresionante, conocido como Ayers Rock o 'Uluru', en lengua aborigen, y del ser vivo más grande de la Tierra (la Gran Barrera de Coral), así como de algunas de las especies más letales y exclusivas de la Tierra, pues el 80% de los animales y plantas de Australia no existe en ninguna otra parte.

Hoy he podido recordar algunas de estas historias en el 'Free Tour'; yo no sabía que en Sydney también trabajaba esta compañía, pero nadamás supe de ella, rapidamente pasó a ser una de mis primeras opciones en la ciudad, pues no hay mejor modo de conocer algunas de las principales atracciones, algunos de los rincones más escondidos, y algunas de las anécdotas más curiosas de un nuevo destino que a través del 'Free Tour' que Sandemans organiza en un buen número de países del mundo. Esta es la cuarta vez que lo hago, después de Amsterdam, Berlin y Praga.

A partir de mañana y hasta el siguiente miércoles tengo muchas cosas planificadas y que, según vaya la metereología, haré unos días u otros. Lo único que espero es tener el suficiente margen como para poder hacer al menos las cosas más importantes que tengo en mente.´



Sábado, 4 Diciembre 2010

Surf Camp Australia

Después de más de 30 horas de viaje y casi 12000km en el cuerpo, el domingo por la tarde llegaba a mi siguiente destino, mi segunda parada en esta aventura, y, sin contar el origen y el final ni la escala que tengo que hacer antes de volver a casa, al segundo y último de los continentes de mi viaje: Oceanía. En Sydney no he estado más que unas horas desde mi llegada el domingo sobre las 17:00h, ya que el lunes a las 7:30h partía en un trayecto de unas dos horas en autobús hacia Seven Mile Beach Holiday Park, un complejo de vacaciones situado a unos 130km al sur de Sydney, con una extensa y magnífica playa para los amantes de las actividades en el mar como la pesca, el remo y, como no, el surf. Es en este lugar donde trabaja 'Surf Camp Australia', una empresa centrada principalmente en la enseñanza de surf para principiantes, con jóvenes y simpáticos instructores que de una manera muy amena y divertida van enseñando a sus alumnos los pasos básicos para que progresivamente vayan entrando en el mundo del surf.

La experiencia ha sido increíble. Yo llegaba, al igual que la inmensa mayoría de mis compañeros de campamento, si haber tocado una tabla en la vida. Dicen que si has hecho skate o snow-board, aprender a subirte en la tabla y aguantar sin caerte es mucho más fácil, pero no, yo empezaba completamente desde "0", ya que siempre que he ido a la nieve ha sido para esquiar, y las tablas de skate, cuando las he visto, ha sido siempre de muy lejos. No se por qué extraña razón pero el surf se me ha dado bastante bien desde la primera clase, pues no he tenido ningún vicio en la técnica al principio y eso ha sido fundamental para luego ir aprendiendo cosas nuevas sin tener que corregir lo que ya había aprendido.

Estoy muy contento porque he venido a aprender surf a la cuna de este deporte en prácticamente todo el mundo y porque, aun a pesar del mal tiempo que hemos tenido durante todos los días, he podido aprovechar al máximo mi tiempo en Seven Mile Beach. Han sido en total cuatro días de campamento con 14 horas de clases de surf y un montón de buenos momentos con los compañeros de esta aventura, tanto sobre las tablas como en el complejo; una experiencia increible a la que le hemos puesto la guinda con la fiesta de despedida en el 'Scubar'.


Después un fugaz paso por Sydney y tener apenas tiempo para nada, ahora sí que ha llegado el momento de explorar las ciudad más grande de Australia y una de una de las más importantes del mundo; para ello tengo cinco días por delante...


Jueves, 2 Diciembre 2010

Ultimas pinceladas al pais multicolor

Últimos días en Sudáfrica... Definitivamente, este país me ha atrapado. He aprovechado al máximo mis días en Ciudad del Cabo y he tenido la suerte de recibir el cariño de muchas de las personas con las que he compartido mi tiempo en este maravilloso país.

Me he organizado bastante bien el tiempo, pues a falta de tres días para mi partida, ya había hecho todo lo que tenía en mente: subir Table Mountain y Lyon's Head, conocer la historia de Robben Island en primera persona, y vivir una auténtica aventura africana en una inolvidable excursión por la Península del Cabo. Además, he tenido la suerte de encontrarme sin saberlo en medio de un partido de la selección, y de reencontrarme con el deporte después de un período de descanso. Más no se puede pedir.

Mis últimos días en Ciudad del Cabo no han sido menos provechosos que los anteriores, ya que mientras todo este tiempo he llevado las cosas bastante planificadas, durante estos tres últimos días he dejado paso a la espontaneidad, a verlas venir y a cogerlas al vuelo. Si el martes pude ver de lejos las playas de la ciudad desde Table Mountain, en estos últimos días las he disfrutado como un niño que va al mar por primera vez en su vida. Pensado y hecho, el miércoles después de clase fuimos a Clifton Beach a pasar la tarde, y el viernes disfrutamos de una fantástica mañana de fútbol y voley en la playa de Camps Bay.

Después que el miércoles me saliera mal la jugada de ir a comer a Marco's African Place, el jueves lo dediqué para comprar algunos detalles y, sobretodo, a degustar algunas de las más exóticas carnes de Sudáfrica en uno de los restaurantes más populares de la ciudad: Mama Afrika. La comida del jueves iba a a ser totalmente distinta a lo habitual, pues esta vez el menu no era arroz con pollo o pollo con arroz, sino un grill mixto con carne de cocodrilo, avestruz, springbok y kudú, acompañado de dos clases de arroz con diferentes salsas que le daban un sabor totalmente nuevo para mi paladar. Estaba todo estupendo, pero si tengo que elegir, me quedo con la brocheta de cocodrilo y la salchicha de springbok y avestruz. Así, a través de mis papilas gustativas, me voy del continente africano con un poco de su cultura en cada uno de mis cinco sentidos.

Estoy muy contento porque he sabido exprimir al máximo mi tiempo en Ciudad del Cabo, pero también un poco triste por los amigos que hoy se quedan atrás. Las buenas amistades nunca caen en el olvido, pero en un viaje como este, el camino tiene que seguir, y el próximo destino es Australia.

Sabado, 27 Noviembre 2010

A gift to the Earth

A gift to the Earth, un regalo para la Tierra; asi calificó Nelson Mandela la Table Mountain en 1998 durante el día mundial del medio ambiente, después de declararla Parque Nacional de Sudáfrica y Patrimonio de la Humanidad.

Table Mountain es el símbolo de Ciudad del Cabo, una importante atracción turística y un paraiso para escaladores y amantes de la montaña y la naturaleza. Se alza sobre una altura de 1086m sobre el nivel del mar, y se puede llegar a su techo usando el teleférico, que toma pasajeros desde la estación inferior en la carretera Trafelberg, aproximadamente a 302 m sobre el nivel del mar, o en un bonito trekking para el que, según el grado de dificultad del camino escogido, se necesita emplear más o menos tiempo.

Hoy he ido preparado a clase, con la ropa apropiada y los víveres necesarios para subir la emblemática montaña de Ciudad del Cabo. Normalmente tengo clase de 9 a 12:30, con una pausa de media hora a las 10:30, pero hoy me he saltado la segunda clase para coger con tiempo la excursión que me había programado. La mañana y los pronósticos metereológicos hacían prever un día fantástico, y así ha sido en toda la ciudad excepto en Table Mountain, pues parece ser que hoy al demonio y al pirata Van Hunks les ha dado por hacer una de sus competiciones para ver quien fuma más, ya que, según cuenta la leyenda, las nubes que cubren la cima de la montaña y que caen sobre su ladera formando el llamado 'mantel de la mesa', se deben a este extraño concurso.

Me habían recomendado que no fuera solo, que podía ser peligroso, pero he decidido arriesgar un poco y confiar en que más gente se lanzaría hoy a llegar a lo alto de Table Mountain por la ruta que, según había leido, era la más sencilla y popular: Platteklip Gorge, a través de una prominente garganta que empieza en la segunda mitad de la ascensión de la montaña principal, y que fue el camino tomado por el navengante portugués António de Saldanha en el primer ascenso registrado en la montaña en 1503. Si esta era una ruta tan popular entre los locales y turistas, no debería tener problemas para estar acompañado de más gente, y efectivamente así ha sido, pues nadamás llegar al inicio del trail, a unos 300 metros había un grupo que habría iniciado la marcha unos cinco minutos antes. He hecho la ascensión con el grupo hasta que se ha complicado el terreno, pues entre ellos había personas mayores que tenían que hacer un descanso cada cierto tiempo. Yo estaba tranquilo por seguir adelante solo, ya que más arriba se veían muchas más personas disfrutando de un día de deporte en la montaña, y si me pasaba algo, por detrás venía el grupo con el que había compartido buena parte del camino.

Una pareja de excursionistas que estaban de vuelta hacia abajo me avisaban que me quedaban unos 50 metros para llegar al paraíso, a las vistas más espectaculares de mi vida, con Ciudad del Cabo, Table Bay y Robben Island hacia el norte, y el litoral Atlántico con las hermosas playas de arena blanca y aguas azul turquesa de Clifton y Camps Bay hacia el oeste y el sur; nunca en mi vida he visto una combinación igual de mar y montaña. Ha sido increible la sensación de estar allá arriba frente a un panorama de ensueño, sobretodo porque esas fantásticas vistas han sido la recompensa a un esfuerzo y una ilusión.

Martes, 23 Noviembre 2010

El largo camino hacia la libertad

Hoy en día Sudáfrica es un país muy cosmopolita donde conviven las influencias y las tradiciones europeas y africanas, pero ha tenido una historia llena de conflictos, opresión y apartheid: los portugueses descubrieron Sudáfrica, fue colonizada por los ingleses y más tarde utilizada como centro industrial por los holandeses, obtuvo la independencia en 1910 cuando solo se reconocían los derechos de las personas de raza blanca, en 1948 se impusieron las leyes del apartheid, que desaparecieron 46 años más tarde, en 1994, con la celebración de las primeras elecciones plurirraciales en el país, siendo elegido cabeza de gobierno el Congreso Nacional Africano, y su lider el carismámito Nelson Mandela.

Ciudad del Cabo jugó un papel clave en la historia de Sudafrica durante el período del apartheid y en la vida de Madiba (nombre del clan de Mandela con el que se le solía reconocer como muestra de respeto por sus antepasados tribales), pues fue aquí donde pasó 27 de sus años en prisión, repartidos entre Robben Island, Pollsmoor y Victor Vester.

Soy de las personas que pueden decir que hacen de muchas de sus lecturas una realidad, ya que si hace un mes, mientras leía la autobiofrafía de Mandela (El largo camino hacia la libertad) imaginaba como podía ser su vida en una isla-prisión, hoy he tenido la oportunidad de estar en la que fue su 'casa' y la del resto de líderes políticos del Congreso Nacional Africano durante 18 largos años de sufrimiento, aislamiento, valor y lucha contra el apartheid, un fenómeno de segregación racial impuesto y dirigido por la raza blanca, basado en la discriminación política, económica y social de las distintas etnias que conviven en Sudáfrica.

El viaje en barco hasta la isla me ha permitido ver Ciudad del Cabo desde una perspectiva que hasta el momento solo había visto en fotografías, con unas increibles vistas de Table Mountain, Lyon's Head, Green Point, Sea Point y el resto de la costa de la capital de la Provincia Occidental del Cabo. Una vez hemos llegado a Robben Island, un autobús nos ha conducido en un tour alrededor de la isla encabezados por un guía de esos que, como suelo decir yo en algunos casos, utilizaba la 'técnica disney' para ir explicando cada una de las anécdotas de la isla con la habilidad de ir introduciendo a cada uno de los visitantes según su nacionalidad en sus diferentes historias. Creo que una cosa igual solo la he visto en mi vida en una obra de Moncho Borrajo, capaz de hacer un show distinto en función de la gente que va a sus espectáculos.


Cuando hemos terminado el tour en autobus, un expresidiario político nos ha llevado en una visita guiada a pie por las instalaciones que en su día ocuparon Mandela y el resto de sus colegas, concretamente la sección B, destinada a los líderes de las diferentes organizaciones políticas. Una vez más, la realidad ha ido más allá de la imaginación, y si uno se puede hacer una idea a través de libros o películas del lugar en el que durante tantos años Mandela y el resto de presos políticos fueron sometidos a trabajos forzosos bajo unas miserables condiciones de vida, estar en el lugar escuchando la historia de boca una persona que estuvo encerrada siete años en la isla, es algo que deja la piel de gallina.

Cuatro horas y media después de salir del Nelson Mandela Bay hemos llegado de nuevo al muelle de Waterfront con una nueva e inolvidable experiencia más que recordar en este viaje.

The journey's never long when freedom's the destination

Lunes, 22 Noviembre 2010

Wamkelekile i Afrika

Con el primer dia del único fin de semana en Sudafrica llega la gran aventura en este país alrededor de la Península del Cabo, una excursión en la que no ha faltado de nada: lluvia, viento, sol, naturaleza, vida salvaje, deporte...

En la primera parte de la mañana, según el itinerario previsto, hemos estado en Hout Bay, desde donde hemos cogido un barco que nos ha llevado en un breve pero intenso viaje hasta Duiker Island, la isla de las focas, y desde aquí y bajo un fuerte aguacero, nos hemos desplazado hasta Simon's Town, para la visita que más ilusión me hacía de la excursión, pues finalmente, después de tanto tiempo, iba a ver con mis propios ojos los pingüinos sudafricanos. Hemos tenido suerte que la lluvia hasta Simon's Town solo nos ha cogido por la carretera, ya que mientras hemos estado en Boulder's Beach el cielo nos ha dado un respiro durante una media hora, tiempo suficiente para disfrutar de los andares y las costumbres de estos simpaticos animalitos en su hábitat natural.


Yo estaba emocionado después de haber visto cumplido uno de mis sueños, y casi podría decir que ya estaba pagado con el tour que habíamos hecho hasta el momento; pero aquí no terminaba el día, ni mucho menos. Muy a mi pesar, hemos dejado atrás Boulder's Beach, bordeando la costa de False Bay y observando con detenimiento el océano por si divisábamos alguna ballena (estamos en la temporada buena para verlas y nos encontrábamos en una zona de avistamiento, pero no ha habido suerte), para dirigirnos hacia la Reserva Natural del Cabo de Buena Esperanza, un mundo nuevo para mi en el que se combinaban de una manera especial la naturaleza y la vida salvaje en un paraje de ensueño. Llegaba el momento de entrar en contacto directo con todo lo que teníamos a nuestro alrededor, pues íbamos a recorrer el parque hasta el Cabo de Buena Esperanza en bicicleta, en un recorrido espectacular de alrededor de unos 15 kilómetros en los que hemos tenido la oportunidad de pedalear junto a grupos de avestruces, y compartir carretera con algunos babuinos que si bien a nosotros no nos ímpedían el paso, estaban provocando un gran embotellamiento de coches y autobuses que no podían continuar su marcha. No dejo de hablar de los babuinos (baboos, como dicen aqui), ya que en la parada tecnica, mientras estábamos comiendo tranquilamente, reponiendo la energía gastada y cogiendo nuevas fuerzas para lo que estaba por venir, hemos visto que de repente la gente se apresuraba a recoger todo lo que tenía sobre las mesas y a salir corriendo hacia un lugar seguro... ¿Pero que pasa? Me preguntaba yo... ¡¡Que vienen los babuinos!! Yo me moría de risa con el panorama, porque estábamos huyendo no de atracadores, asesinos ni nada parecido, sino que estábamos escapando de unos monos, pero es bien sabido que los babuinos se caractrizan por tener muy mal genio, especialmente cuando se trata de comida; hay que tener mucha precaución con ellos.

Con la barriga llena y la fantástica sensación de haber llegado al punto situado más al sudoeste del continente africano en bicicleta, hemos cambiado los pedales por las piernas para iniciar lo que iba a convertirse en la gran caminata del día, desde el Cabo de Buena Esperanza hasta Cape Point, desde donde es posible divisar el punto en el que se encuentran los océanos Atlántico e Índico. El paseo hasta el faro ha sido increible, y aunque parezca extraño, me alegro que hayamos estado acompañados por una ligera lluvia, pues casi que prefiero un clima un tanto más fresco que caluroso para las más de dos horas de trekking sobre acantilados y playas de ensueño.

Esto es algo que no se me olvidara jamás en la vida; yo creía que íbamos a hacer una bonita excursión, pero lo de hoy ha superado con muchisimas creces la expectativas que tenía de un viaje que nos ha tenido entretenidos casi nueve horas desde que nos han recogido esta mañana. Una inolvidable excursión al más puro estilo africano.

Sábado, 19 Noviembre 2010

Bafana Bafana

Hace hoy justo dos semanas estaba en Mestalla con mi hermano en el partido de Champions League que enfrentaba al Valencia con el Glasgow Rangers. Quince días después vuelvo a ver futbol en directo, esta vez en uno de los estadios más espectaculares del pasado mundial de futbol 2010: el Green Point Stadium.

Coincidiendo con el calendario FIFA en el día en que en Lisboa Portugal estaba a punto de repasar a España en un amistoso desde el que se intentaría apoyar la candidatura conjunta de los dos países para el mundial de fútbol del 2018, a poco más de una hora para dar comienzo este partido, yo estaba rodeado de 'vuvucelas' para asistir al Nelson Mandela Challenge, que iba a enfrentar a los bafana bafana contra la seleccion de los Estados Unidos de Ámérica.

He estado bastantes veces en un estadio de fútbol, no solo en España sino también en otros países, pero el ambiente que se respiraba hoy en Ciudad del Cabo no lo había visto nunca en mi vida: los sudafricanos cantaban y bailaban perfectas coreografías desde mucho antes del pitido inicial; no cabía ni un alma en el estadio. El juego en si ha sido bastante malo, con muy pocas ocasiones y un único gol que por desgracia para los locales y para la fiesta post-partido, lo marcó la selección estadounidense en el minuto 86.

Entrada para ver el fútbol, 11€; manguitos con la bandera de Sudáfrica, 2'3€; una par de cervezas antes de entrar al estadio, 3€; llevar aqui cuatro días y sin saberlo encontrarte con todo esto no tiene precio...

Miercoles, 17 Noviembre 2010

Sudáfrica respira deporte

Después de una pausa de dos semanas desde el Home de Ferro, he vuelto al deporte en una pequeña rutina casi diaria que me está ayudando, por una parte, a aprovechar al máximo las horas del día, y por otra parte, a ir recuperando poco a poco el estado de forma perdido durante este tiempo de descanso.

Tan solo a dos minutos de mi residencia, la Winstonia Residence, se encuentra el kilométrico paseo marítimo de Ciudad del Cabo (Sea Point Prommenade) donde cada amanecer comparten escenario cientos de personas para sus ejercicios matutinos. La banda sonora de Rocky que llevo en el movil como despertador me saca de la cama prácticamente cada mañana a las 6:15h para correr un poco antes de desayunar e ir a clase. La verdad es que el primer día no creía que iba a encontrar tanta gente haciendo deporte a las horas que eran, pero aquí se lleva un ritmo de vida distinto; todo se hace antes que en España: la gente se suele despertar muy temprano para hacer ejercicio, hay horario británico para la comida (12:30h) y la cena (18:00h), las tiendas suelen cerrar sobre las 18:00h, la gente deja de verse con tanta frecuencia por las calles alejadas del centro de la ciudad una vez se ha puesto el sol (19:30h)... Yo me he adaptado perfectamente a este nuevo ritmo de vida, y no solo eso, sino que además me gusta.

No solo estoy ejercitando las piernas... Aunque el gorro y las gafas de natación eran algo que me había traido por si acaso, pues no pensaba nadar en un mar que no conocía y que además se encuentra a una nada agradable temperatura de 15ºC, resulta que ya les estoy dando uso, pues a unos cinco minutos a pie desde mi residencia y justo al lado del Océano Atlántico, hay una piscina olímpica al descubierto que por tan solo 15RD (1,6€ aproximadamente) permite darte un magnífico baño bajo el intenso sol africano, esta vez con una temperatura más agradable de unos 25ºC.

Son solo tres los días que llevo en África, pero es el tiempo suficiente como para darse cuenta que esta es una ciudad en la que se respira deporte desde la salida hasta la puesta del sol.

Martes, 16 Noviembre 2010

La aventura ha comenzado

Es muy bonito decir que uno va a embarcarse en un gran viaje como este, pero hay que pelear mucho y dedicarle mucho tiempo para conseguir que todo esté en orden antes de la partida.

La idea de dar la vuelta al mundo se me ocurrió hace unos cuatro años. Este proyecto empezó a tomar forma en noviembre de 2009, y, tras ir moldeándolo poco a poco durante mucho tiempo, comenzó a ser una realidad a partir del mes de junio de este año, cuando dí el paso de comprar el round the world flight para unas fechas concretas que ya no se podían cambiar y hacia unos destinos fijos de los que ya no me podía escapar. A partir de entonces, la idea fue ir encajando las piezas que tenía en mente para confeccionar un puzzle casi perfecto en el que quedaran solo algunos pequeños flecos por cerrar. Sobre el papel, el viaje está más que estudiado y solo falta que el destino esté de mi parte para que todo vaya bien...

Ahora ya no hay marcha atrás; estoy metido de lleno en mi sueño. Ayer por la mañana salía de casa hecho un flan, pues no podía creer que después de tanto tanto tiempo estuviera dando realmente los primeros pasos de mi aventura en solitario alrededor del mundo. Hoy escribo estas líneas desde mi habíación de la 103 de la Regent Street de Ciudad del Cabo, después de más de 30 horas de viaje y con más de 11000km en el cuerpo.

A partir de mañana empieza el primer día completo de las dos semanas que me esperan por delante en Sudáfrica...



Domingo, 14 Noviembre 2010