De vuelta en casa

Después de una estancia de un mes en Berlin y un viaje alrededor de seis países del centro de Europa, de recorrer cerca de 5.000 kilómetros repartidos entre 3 aviones y 13 trenes, y con unos cuantos cientos de euros menos en la cuenta, cuarenta días después, llego de nuevo a casa.

La experiencia ha sido increible, las vivencias durante todo este tiempo inolvidables. Cada ciudad me ha dado una cosa distinta: la historia de Berlin, la magia de Praga, los escenarios de la Lista de Schindler en Cracovia, el calor de la gente de Bratislava, el sabor de la Edelweiss austriaca, la compañía de Sinja en Tubingen, y el reencuentro con mis amigos Justin y Tiziano en Milan, respectivamente, al principio y al final de mi particular cuarentena.

Este viaje por Europa me ha permitido ponerme a prueba con sensaciones muy positivas de cara a mi soñada vuelta al mundo. Si ya hace tiempo tenía claro que quería vivir la mayor de las aventuras que se me han ocurrido hasta el momento, hoy, además, puedo decir que cuento con un poco más de experiencia para el día que decida emprender este sueño.


Si supiéramos de antemano todo lo que nos vamos a encontrar, la aventura dejaría de ser una aventura. Es precisamente la incertidumbre de no saber lo que te vas a encontrar lo que hace de un viaje una aventura fascinante.

Miercoles, 14 Abril 2010

Los ultimos dias del viaje

Con unas buenísimas sensaciones y el estómago lleno partía desde Bratislava e iniciaba el viaje más corto de esta aventura hacia Viena, a tan solo una hora en tren desde la capital eslovaca.

La historia de Austria que más me podía interesar y que ya conocía de mis días en Berlin está estrechamente ligada a la Primera Guerra Mundial, desencadenada por el asesinato en Sarajevo de Francisco Fernando, archiduque heredero al trono del Imperio Austro-Húngaro, y su esposa, Sofía Chotek, a manos del terrorista serbo-bosnio Gavrilo Princip, y a la Segunda Guerra Mundial, con la anexión de Austria (anchluss) al Tercer Reich, pasando esta a formar parte del imperio de Hitler como una provincia de la Alemania nazi conocida como Ostmark (marca del Este). Esto era suficiente para no ir perdido por la historia de la ciudad en mi particular recorrido turístico por los rincones de Viena.

Eran las 16:00h de un día fantástico cuando llegué a Wien Südbahnhof, estación sur de la capital austriaca, así que sin dudarlo un segundo, decidí empezar a hacer turismo desde el mismo momento en que bajé del tren, a cuestas con las dos mochilas que me han ido acompañando a lo largo de este viaje. Buena parte de la tarde la pasé en los impresionantes jardines del Palacio Belvedere, que divididos en tres niveles representan diversas escenas clásicas (el dominio de los cuatro elementos en la parte inferior, el Parnaso en el nivel central y el Olimpo en el superior), y cuando ya empezaba a oscurecer y a dolerme los hombros y las piernas, con una intensa jornada de viaje en la espalda, me fui hacia el albergue para descansar y recargar fuerzas para el día siguiente.


En Viena he estado dos días, y la verdad, ha sido de todas las ciudades que he visitado, la que menos me ha transmitido, la que más se ha separado del concepto de ciudad joven y económica que venía llevando hasta el momento, pues la capital autriaca es, para mi gusto, demasiado señorial, excesivamente monumental, con la famosa ópera, multitud de teatros y museos, innumerables cafes, y el Prater, que no es más que un parque de atracciones conocido como Wurstelprater, que se encuentra situado dentro de un gigantesco parque de seis millones de metros cuadrados, en su día coto de caza imperial, y actualmente gran zona recreativa para paseantes, corredores, ciclistas y jinetes.

De mi tiempo en Austria me quedo con el sabor de la Edelweiss; es para pensarselo, porque he estado en Alemania, país cervecero por excelencia, y Praga, inventores de la misma (1842), ambos con fama de tener la mejor cerveza, si no del mundo al menos si de Europa, y ha sido curiosamente en Austria donde he probado la que para mi se ha convertido a día de hoy en la mejor cerveza del mundo.

La noche de mi segundo día en la capital austriaca viajaba en el vagón-cama del Euronight 462 hasta Munich, y tras un cambio en la capital de Baviera, continuaba mi viaje en el tren de alta velocidad TGV 9576 hasta Stuttgart. De esta manera, justo una semana después de partir de Berlin hacia Praga, entraba de nuevo en Alemania, esta vez por el sureste. Era sábado, y durante el fin de semana que tenía por delante tuve la oportunidad de conocer y visitar Stuttgart, capital del Bundesland Baden-Württenberg, y Tübingen, ciudad universitaria situada a casi 40km al sur de Stuttgart y residencia de Sinja, una amiga alemana que hace un par de años estuvo de erasmus en Valencia y que durante estos dos días me ha hecho conocer algunos de los rincones más bonitos de su región.


En mi antepenúltimo día de viaje marchaba temprano de Tübingen para emprender un largo pero espectacular camino hasta Milan, recorriendo Suiza de norte a sur, junto a enormes lagos, a través de Los Alpes y acompañado en todo momento de paisajes tan increibles que me han llevado a plantearme una futura escapada en bicicleta por las montañas de este país alpino. Ya en Milán, Tiziano, viejo amigo de mi año erasmus en Italia y anfitrión durante mis dos días en la capital lombrada, puso la guinda a un viaje inolvidable e irrepetible.

Martes, 13 Abril 2010

El calor de la gente en el corazón de Europa

La capital de Eslovaquia es uno de los lugares más desconocidos de centroeuropa, alejada de los grandes itinerarios turísticos, y habitualmente eclipsada por vecinas excesivamente grandiosas, por eso, antes de empezar este viaje, Bratislava era, de todas las ciudades a las que tenía pensado ir, de la que menos cosas sabía y, por tanto, de la que menos cosas esperaba.

A las 13:05h del tercero de mis días en Polonia continuaba mi aventura alrededor de Europa y comenzaba mi particular odisea hasta Bratislava. Los problemas no se hicieron esperar, pues justo después del primer trayecto de la jornada, desde Cracovia hasta Katowice, en la estación de esta ciudad, todavía en Polonia, me llevé el susto del día al ver que iban pasando los minutos de la hora prevista para la llegada de mi Eurocity, que iban llegando trenes que no se dirigían a mi destino, que nadie en la estación hablaba inglés para explicarme lo que estaba pasando... Por suerte, veinte minutos después de estos instantes de estrés, finalmente apareció el tren que me llevaría hasta Breclav. Durante el viaje había llegado a olvidar el contratiempo de Katowice, pensando que el tiempo perdido de algun modo lo recuperaríamos a lo largo del camino, pero eso no fue así y a mi llegada a Breclav, ya en Eslovaquia, las sospechas se hicieron realidad y el tren que me tenía que llevar directamente a Bratislava hacía ya unos minutos que se había marchado. Eran las 19:00h y de entre la pocas opciones que me quedaban para llegar a la capital eslovaca, escogí partir lo más rapidamente posible, primero en un tren regional hasta Kuty, y tras un cambio de unos minutos y a su marcha, en un vagón con mini-cabina para el maquinista hasta la antigua Prešporok, eso sí, bien acompañado, porque por lo visto en este país hacen casting para dar trabajo a las revisoras.

Una vez más, los mapas que en su día diseñé para cada una de las ciudades que iban a marcar mi viaje no me fallaron, y el correspondiente a la capital eslovaca me condujo en unos 20 minutos desde hlavná stanica, estación principal de la ciudad, hasta la puerta del albergue. Hasta ayer, lo normal era llegar a la recepción, rellenar los papeles para mi estancia, pagar y marcharme, sin decir más palabras que las necesarias; pero Eslovaquia es distinta. A mi llegada al 'Downtown Backpacker's Hostel', la bienvenida no pudo ser más espectacular, pues a la simpatía y amabilidad del recepcionista, que con una espontaneidad casi de amigo de toda la vida me preguntó cómo había ido el viaje, de donde venía y en qué países había estado, y me adelantó lo bien que iba a encontrarme en el albergue y lo mucho que me iba a gustar la ciudad, hay que sumar el chupito gratis de Borovička, bebida típica de Eslovaquia, con el que se recibe a cada nuevo huesped.

Todos los viajeros con los que me había encontrado antes de venir a Bratislava me habían dicho que esta ciudad tenía pocas cosas que ver, que lo poco que valía la pena echar unas fotos se veía en un par de horas, opinión que en absoluto comparto con ellos. La ciudad en sí es pequeña, es verdad, pero tiene su encanto, con el Castillo (Bratislavský hrad), que domina la capital desde lo alto de una colina perteneciente a los 'Pequeños Cárpatos', desde donde se pueden tomar las mejores instantáneas de la capital; Staré Mesto o Ciudad Vieja, zona más interesante y pintoresca de la ciudad, donde se encuentran la mayoría de comercios y algunos de los monumentos más peculiares que he visto en mi vida, como Rubberneck o la estatua del paparazzi escondido; y el Danubio, segundo río más largo de Europa, que cruza la ciudad de oeste a este y la divide entre la antigua y la nueva Bratislava. Gracias al calor de su gente allá por donde me encontraba, me sentí perfectamente integrado entre sus habitantes y su cultura, especialmente a la hora de comer, donde por tan solo 4€ me puse las botas con un delicioso kyslá fazuľová polievka (sopa de judías) de primero, y un fantástico bravcovy rezen v sunkovgom cesticku pecene zemizky (carne de cerdo con patatas asadas) de segundo.

Bratislava es un destino que me ha encantado y al que no descarto volver en un futuro, porque Eslovaquia es un país con un nivel de vida muy bajo, porque no hay que marearse cambiado la moneda (desde el 2009 pertenece a la Unión Económica Europea), y porque está situada estratégicamente en el centro de Europa a escasos kilómetros de algunas capitales europeas como: Budapest (196km), Ljubljana (306km), Praga (324km), y como no, Viena, a tan solo 62km de la capital eslovaca. De todas maneras, este sería un proyecto para un futuro bastante lejano.


Jueves, 8 Abril 2010

Cracovia, escenario de la Lista de Schindler

...ocho horas y media después del final de la anterior entrada llegaba a Dworzec Główny, la estación central de Cracovia. Eran las 6:30h de la mañana del primero de los tres días que me esperaban por delante en la antigua capital de Polonia.

Cuando llegué al albergue era todavía demasiado temprano para el check in, pero la recepcionista tuvo el detalle de dejarme entrar dos horas antes de lo que debía. Después de organizar mis cosas en la habitación y de una buena ducha, ya casi se había hecho la hora de encontrarme con Kasia, la guía con la que iba a recorrer la ciudad en un paseo histórico que me tendría todo el día ocupado.

¿Prefieres que empecemos por la parte triste o la bonita? Así comenzaba mi peculiar tour, peculiar porque yo era la única persona para una única guía, y porque era la primera vez que tanto yo como ella hacíamos algo parecido. Escogí empezar por la parte bonita, la 'Colina de Wawel', a orillas del río Vístula (Rzeka Wisła), coronada por el Castillo Real, centro monárquico de Polonia durante siglos, y la Basílica de la Catedral de San Wenceslao y San Estanislao, en cuyo interior se encuentran las tumbas del rey fundador de la capilla que lleva su nombre (Segismundo I), así como de otros monarcas y polacos célebres.

La parada en un típico restaurante casero que Kasia conocía nos permitió a los dos reponer fuerzas y recuperar algo de la fría temperatura que estaba azotando en el exterior, y a mi seguir conociendo otra parte de la cultura polaca, esta vez a través de mis papilas gustativas. El tour lo retomamos en la parte más triste de la historia de la ciudad, la que yo más ganas tenía de conocer. Tuve la oportunidad de estar en la planta de utensilios de cocina (Deutsche Emailwaren-Fabrik) que Oskar Schindler utilizó para dar trabajo y con ello salvar a unos 1200 judíos del holocausto; recorrimos el distrito de Podgórze, donde en 1941 la población judía de la ciudad (unas 60.000 personas) fue aislada al guetto que los nazis crearon en este barrio situado en la orilla opuesta del Vístula; y terminamos nuestra visita en el núcleo medieval de Kazimierz, donde desde su fundación por parte de Casimiro el Grande en el siglo XIV hasta la invasión nazi sirvió como lugar de concentración de gran parte de la población judía de Polonia, y donde en 1993 fueron rodadas buena parte de las escenas de la oscarizada película de Steven Spielberg. 'La lista de Schindler' yo la he visto varias veces, pero no creo que alguna vez me pueda llegar a acostumbrar a unas escenas tan terribles; fue esta película la que me llevó a conocer a fondo la historia de la Segunda Guerra Mundial hará ya unos tres años, y podría decir que fue la que puso el primero de los ingredientes que me llevaron a embarcarme en este viaje inolvidable.

El día estaba cargado de emociones por mi parte, por estar recorriendo en persona algunos de los escenarios en los que transcurrieron algunos de los acontecimientos más tristemente impactantes de la historia reciente, y por parte de la guía, al revivir algunas de las historias que su abuelo le contó en vida durante sus años en Saschenhausen, a donde fue a parar como político polaco y de donde logró salir primero gracias a su conocimiento del alemán y luego, cuando las tropas soviéticas ya casi estaban llegando a Berlín, sobreviviendo a las llamadas 'marchas de la muerte' desde el campo de concentración hacia el Báltico. No hay palabras para describir el instante lleno de emociones que vivimos los dos.

Si ayer fue un día de emociones fuertes, esta mañana no iba a quedarse corta. Muy temprano me despertaba para coger el autobús que la empresa 'Cracow City Tours' prepara cada martes, jueves y sábado para ir hasta Oświęcim, a 64 km de Cracovia, para recorrer, en una visita guiada en español, los rincones de los campos de concentración de Auchwitz y Birkenau. Tenía muy presente en mi mente ambos campos, con la utópica frase nazi 'arbeit macht frei' a la entrada de Austwitz I, y con las vías de tren que conducían a Austwitz II (Birkenau), pero como se puede imaginar, por muy empático que uno sea desde el sillón de su casa, son muy distintas las sensaciones cuando uno se encuentra en el lugar donde de verdad ocurrió todo.


Despues de la visita a los dos campos, a nuestro regreso a Cracovia, la tarde he decidido emplearla buscando algunos souvenirs en la 'Plaza del Mercado' (Rynek Główny), la plaza más grande de Europa con 200 metros de lado, y a vivir una fuerte experiencia religiosa en Kościół św. Franciszka z Asyżu, iglesia de San Francisco de Asís, donde Karol Józef Wojtyła (Juan Pablo II) acostumbraba a rezar en su época de estudiante de teología, y donde hoy, escuchando la eucarstía en polaco al lado del sitio que solía ocupar, he llegado a sentir su presencia tan cerca que me parecía que lo tenía justo ahí.

En Cracovia he vivido los días de emociones más fuertes en lo que llevo de viaje, emociones de todo tipo, tanto tristes como alegres. No se si tendré la oportunidad de volver alguna otra vez, pero si lo hiciera, sería con mi madre, porque se que para ella este sería un viaje muy especial.

Martes, 6 Abril 2010

Praga, una ciudad de cuento de hadas

Después de un mes increible en Berlin, ayer por la mañana veía como el sol salía por última vez en la capital alemana. En el camino a pie desde la que había sido mi casa durante un mes en la 73 de la Postdamerstraße hasta Hauptbahnhof, la estación central, me vinieron a la cabeza todos los buenos momentos que he pasado aquí; había exprimido el tiempo al máximo, estaba a punto de partir de una ciudad de la que me había empapado de su historia y cultura desde el primer hasta el último día, y lo hacía con la sensación de una enorme satisfacción por todo lo vivido en este tiempo, pues había cumplido con creces mi objetivo en Alemania. El Eurocity 173 ponía fin a la primera parte de este viaje, y con su partida desde Berlin, daba comienzo a la segunda parte de mi aventura alrededor de Europa.

Después de poco más de 4 horas de viaje con unas vistas espectaculares junto al río Elba, llegaba a Praga. Eran las 13:30h, y solo tenía media hora para orientarme en una ciudad nueva, pasar por el albergue para dejar la mochila y, si me daba tiempo, empezar el 'Tour del Castillo' que cada día organiza Sandemans a partir de las 14:00h.


Aun estoy sorprendido, pues en un tiempo record, conseguí ir desde Hlavní nádraží, la estación pincipal, pasando por el albergue, hasta llegar a Staroměstské náměstí (plaza de la Ciudad Vieja), plaza principal de la ciudad y punto de encuentro de los tours de Sandemans. Con el tiempo justo para llegar a todos estos sitios, no había podido cambiar dinero, ya que en la República Checa siguen sin funcionar con el Euro sino con la corona checa. Fue entonces cuando me encontré con la persona que, usando la 'técnica Disney' que en su día me presentara un profesor del INEF de Madrid, solo accesible para unos pocos en determinados trabajos, me haría llegar toda la magia que una ciudad como Praga puede llegar a transmitir. Esta persona se llama Félix, fue nuestro guía durante mis días en Praga y en este momento, recien llegado como estaba, tuvo el detalle de cambiarme euros por coronas de su propio bolsillo a comisión 0.

Durante más de 4 horas estuvimos conociendo las historias y leyendas del Castillo de Praga (Pražský hrad), y recorriendo los rincones de esta antigua residencia de los reyes de Bohemia, emperadores del Sacro Imperio Romano, presidentes de Checoslovaquia y, más recientemente, también de los presidentes de la República Checa. Media hora después de terminar el tour, justo a las 18:00h, los que no teníamos prisa, esperamos el cambio de guardia para poder entrar de gratuitamente a la 'Calle Dorada', hoy en día repleta de tiendas de souvenirs, pero en su día, en los tiempos de Rodolfo II, considerado por nuestro guía como el 'primer rey hippie' por su pasión por la alquimia y las ciencias ocultas, los 45m que mide esta calle fueron residencia de los alquimistas más destacados de la época y, siglos más tarde, del famoso escritor y filósofo checo Franz Kafka.

Una vez terminado el tour, la idea era ir al albergue, darse una ducha y hacer un poco de tiempo antes de ir a cenar donde Félix me había recomendado, pero el plan dio un giro de 180º cuando llegue al hostal, ya que conocí a un grupo de argentinos y un aleman que también había llegado solo a Praga, empezamos a hablar, y cuando menos nos habíamos dado cuenta, se había hecho la hora de cenar. Yo claro, entre ir solo a comer las hamburguesas que me habían recomendado, por buenas que estuvieran, o ir con un grupo a degustar el plato típico de la cocina checa, ni me lo pensé. Aunque procede de Hungría, la versión checa del goulash consiste de un estofado de carne de buey con cebollas, patatas, pimienta y paprika, acompañado de unas rodajas de pan hervido sin corteza.

Era sábado y el ambiente incitaba a pegarse la fiesta, pero en Praga iba a estar solo dos días, y al igual que los otros 4 compañeros de habitación, fui pronto a dormir. Eso si, algun día tengo que volver con amigos, porque si Praga es una ciudad mágica durante el día, la fiesta que ofrece de noche y al precio que la ofrece es para vivirla alguna vez en la vida.

Esta mañana, tras tomarme el desayuno que venía incluido con la reserva en el albergue, he ido bastante temprano a dar una vuelta sin el agobio de la cantidad de turistas que aprovechan las vacaciones de Pascua para viajar. Luego de pasar por el puente de Carlos IV, el rey más querido de Praga, y de pedirle el deseo de tener un buen viaje a San Juan de Nepomuceno, de nuevo con Félix, el mismo guia de ayer, inicié el segundo de los tours que ofrece Sandemans en Praga, esta vez por las calles y lugares más característicos de Staré Město, la Ciudad Vieja. A ver, el tour del castillo fue muy interesante y me gustó mucho, pero el free tour, con el sentimiento que para cada lugar y situación ponía Félix, lo viví de una forma especial, sobretodo cuando visitamos en antiguo guetto judío y mientras nos contaba algunas de las anécdotas de la ocupación nazi en Praga. Sin duda, de los 3 free tour que he hecho (además de este, también en Berlin y Amsterdam), este ha sido con diferencia el mejor.

Ya a la noche y después de dos fantásticos días en la antigua capital del Sacro Imprerio Romano, de la ciudad dorada, de la antigua capital de Bohemia, continué mi viaje hacia Cracovia. Esta nueva nueva aventura comenzaba como alguno de nuestros chistes: iban camino de Polonia en el vagon litera de seis plazas 3 indios, 2 chinos y un español y... no se sabe como pero el español siempre termina ganando, jajaja!!

Domingo, 4 Abril 2010