Aš nemoku lietuviškai, no hablo lituano, solo algunas palabras sueltas, pero de momento no me es imprescindible ya que en este país, la población en general y especialmente los jóvenes, son capaces de comunicarse sin problemas en inglés.
Cada vez me encuentro más a gusto en Lituania, y la razón principal es que he sido capaz de trasladar casi por completo a Kaunas el estilo de vida que llevaba en Valencia. Aquí hace más frío, de hecho, desde que llegué a finales de diciembre hemos pasado más días bajo 0ºC que con grados positivos, pero este no es un impedimento para que Ąžuolynas, el parque que se ha convertido en mi Cauce del Río Turia particular, sea testigo de mis 2-3 runnings semanales. Tampoco estoy descuidando la natación, pues a unos diez minutos de donde vivimos hay un complejo deportivo con piscina de 25 metros donde un par de días por semana me enfundo gorro, gafas y bañador para hacer unos largos que poco a poco me permitan ir cogiendo el estado de forma necesario para llegar bien a las pruebas de la playa una temporada más.
El deporte constituye una parte importante de mi estilo de vida personal, pero desde hace unos años las clases de inglés se han hecho un hueco importante en mi rutina diaria, una actividad que de alguna manera me permite desempeñar el rol de profesor para el que en su día me preparé durante cinco años, y que además me supone un extra de ingresos que de vez en cuando me da la posibilidad de darme el capricho que más me gusta: viajar. Ha sido una apuesta a las nuevas tecnologías tanto por mi parte como por parte de mis alumnos, un aprovechamiento al máximo de las ventajas que internet nos ofrece hoy en día para convertir mis clases presenciales en clases on line y así, desde la distancia, continuar preparando a mis pupilos para sus retos a corto, medio y largo plazo.
Y como no, el cambio más importante respecto a mi anterior estilo de vida en Valencia es que, estoy de acuerdo en que las tecnologías han avanzado mucho y hoy en día gracias a Facebook, Whatsapp o Skype esos cientos o miles de kilómetros que separan físicamente a dos personas que no quieren perder el contacto son mucho menores con estos recursos, pero no hay nada como poder compartir el día a día en directo con esa persona que te ha hecho subir un peldaño en la escalera de las experiencias de la vida.
Estoy muy feliz en Kaunas, esta se ha convertido en mi segunda casa y así parece que seguirá siéndolo durante un tiempo indeterminado.
Sabado, 22 de Marzo de 2014