La tercera y última parada de este viaje me llevaba, dos años depués, de nuevo a Sydney. Para ello no iba a necesitar desplazarme en autobuses, trenes o aviones, sino sobre las piernas, ya que Bondi Beach, uno de los muchos suburbios en que está dividida Sydney, está perfectamente conectado por medio de calles y avenidas con el centro neurálgico de esta gran metrópoli. Así pues, un largo paseo de más de una hora y media me llevaba desde la playa hasta el distrito financiero de Sydney, the CBD, el corazón de la capital de Nueva Gales del Sur.
Sydney la conocía bastante bien. Era uno de los destinos de mi vuelta al mundo en el que pasé una semana non stop que me llevó a conocer buena parte de sus principales atracciones turísticas, como Bondi o Manly, el Wildlife World, el Jardín Botánico... De todas maneras, esta es una de las grandes ciudades del mundo, y como tal, iba a tener reservadas nuevas sorpresas, nuevos rincones que explorar que o no sabía que existían, como el mirador de la estación astronómica, desde el que se tiene una de las mejores instantáneas del Harbour Bridge, el Luna Park y la costa norte de Sydney Harbour, o lugares que la vez anterior no me dio tiempo a visitar y que en esta ocasión no dejé pasar la oportunidad, como las instalaciones de los Juegos Olímpicos del año 2000, un enorme recinto de calles, avenidas y modernos estadios preparados para acoger cualquier tipo de evento deportivo a escala mundial.

Esta segunda visita a Sydney ha dado para mucho, pero ha sido especialmente gracias a la maratón que he conocido lugares que de otra manera no creo que hubiera visto, como el Sydney Cricket Ground, Centennial Park y diferentes partes de la ciudad con vistas exclusivas de Circular Quay y el puerto por las que en condiciones normales únicamente transitan vehículos y que en la mañana de la carrera estaban 100% cerradas al tráfico.
Con el final de los días de mi segunda aventura australiana pongo fin a este bonito viaje, ya que, al contrario de lo que pensaba, en el camino de vuelta, no iba a estar alojado en Seúl como me hubiera gustado, sino en Incheon, a más de una hora en tren de la capital surcoreana. Además, mi estancia en la ciudad iba a quedar reducida a tan sólo medio día, de modo que la chincheta asiática queda reservada para otra ocasión.
Viernes, 21 de Septiembre de 2012
Que iba a pasar dos magníficos días en Bondi Beach era algo que no entraba en los planes de este viaje, ya que en este tiempo debría haber estado en el surf camp del Waves Surf School... La falta de gente provocó que a última se suspendiera la actividad, y sin ella, quedarme yo con un vacío sin saber qué hacer ni adonde ir de miercoles a viernes...

Todo se me ocurrió en cuestión de minutos desde que me enteré que me había quedado tirado, pero ahora que ya es viernes y estoy a punto de marcharme hacia mi siguiente destino, puedo decir que la decisión, aunque atropellada porque la situación no me dejaba otra alternativa, fue excelente, no solo porque con el cambio he salido ganando dinero, sino porque en este nuevo plan he terminado haciendo tres cuartos de la idea inicial, pero con muchísima más autonomía para hacer lo que quisiera cuando quisiera y donde quisiera...
Si hay algo de particular en Bondi Beach no es otra cosa que la playa, las olas y el surf. En un principio no estaba muy seguro de si me atrevería a zambullirme en solitario en el Pacífico con el temporal que se estaba avecinando... Sin embargo, la confianza de saber que se iban a estar dando clases por la zona donde iba a quedarme y unos breves pero importantes consejos del jefe de la escuela de surf de Bondi, me hicieron dar un paso adelante y alquilarme el material completo, tabla y neopreno, para, aun a pesar que con el paso de las horas la metereología fue cada vez a peor, pasar todo el día disfrutando en el mar.
De todas maneras, mi tiempo de deporte en este turístico destino no solo ha quedado reducido al surf, ya que cada mañana a primera hora, tanto ayer como hoy, he compartido Coastal Walk con los cientos de personas que, antes de ir a trabajar, comienzan cada nueva jornada haciendo deporte: running, boxeo, surf, ciclismo, kayak... Una sana costumbre que le da un color especial a los amaneceres de este lugar y que una vez más he tenido la suerte de poder vivirlo en persona.
Con todo esto, es fácil imaginar que en estos días en Bondi Beach no haya echado de menos en ningún momento el surf camp... Los viajes, lo mismo que pasa en la vida, tienen imprevistos que si se llega a tiempo de reaccionar puede que cojan un rumbo mejor del que en un principio se esperaba... Esta vez todo ha salido bien, y así espero que sea hasta el final del viaje, ya que nadamás terminar de escribir estas líneas me marcho hacia Sydney, donde el domingo me espera mi primer gran reto de los siete continentes...
Viernes, 14 de Septiembre de 2012

Hoy doy por cerrado mi paso por Melbourne. Como me suele pasar en muchas de las ciudades a las que viajo, la capital del estado de Victoria me ha dado muchísimo más de lo que esperaba, ya que, al contrario de lo que pensaba, se treata no solo de una gran metropoli que en su día albergó unos Juegos Olímpicos, sino que es muchas cosas más. La verdad es que no la sabría encajar dentro de un estereotipo de ciudad, porque tiene un poco de todo: una parte que todavía está estancada en la época colonial británica con las típicas casas de ese período, el distrito financiero con sus imponentes rascacielos, el siempre vibrante paseo del Southbank con sus contínuos performances callejeros, y como no, la gran zona de parques: Fitzroy, Kings Domai, Royal Botanic Gardens, Yarra y Olympic Park, en el último de los cuales se encuentran buena parte de las instalaciones de los Juegos Olímpicos de Melbourne de 1956, entre las que destacan el Melbourne Cricket Ground y el complejo de pistas de tenis del Open de Australia con su estadio central, el Rod Lover Arena.
Han sido en total cuatro días y medio en los que siete walking tours que me descargué de internet en su día cuando todavía estaba en Valencia han ocupado prácticamente todo mi tiempo de visita en la ciudad, y que me han llevado hasta rincones que de no haber seguido algunos de sus recorridos difícilmente hubiera llegado a conocer.
Esta tarde cojo el avión para desplazarme hacia Nueva Gales del Sur, donde pasaré el resto de mis días en Australia, primero en el pequeño pueblo playero de Bondi, donde si se presenta la ocasión, aprovecharé para hacer un poco de surf, y de cara al fin de semana, en Sydney, donde el domingo participaré en la prueba reina del Blackmores Running Festival.
Miércoles, 12 de Septiembre de 2012