La Antártida es otro planeta

Después de unos fantásticos días en Buenos Aires, el viaje continuaba hacia el sur.

Ushuaia, capital de las Islas Malvinas y puerta de entrada de las expediciones antárticas, iba a ser nuestra escala antes de iniciar nuestra travesía marítima con la que daría comienzo la parte principal de esta aventura. Ushuaia presenta una gran variedad de actividades, tanto de verano como de invierno, pero para explorar esta bonita región se necesitan bastantes más de las siete horas que teníamos disponibles para poder disfrutar de la capital de la Tierra del Fuego, de modo que el tiempo lo dediqué a consumir los pesos que me quedaban en la cartera con algunos souvenirs para la familia y una deliciosa caldereta de marisco a la que no le faltaba de nada: centollo, cangrejo, cigalas, sepia... ¡Riquísima!

Los últimos pasos en tierra firme fueron para embarcar en el Akademik Vavilov, antiguo barco científico ruso cuya principal función hoy en día es la de realizar expediciones regulares a ambos polos. En esta ocasión, liderados por el equipo de Oneocean, tomaba rumbo hacia La Antártida.


No era la primera vez que realizaba un viaje por mar, pero nunca antes había tenido la experiencia de vivir en un barco durante tanto tiempo. Y claro, a mayor número de días, mayor cantidad de situaciones distintas: la tranquilidad de las aguas del canal de Beagle con sus verdes y accidentados paisajes como telón de fondo, la angustia con la que las olas gigantescas del paso del Drake hacían bailar el barco y que me dejaron sin comer durante un jornada entera, la pericia del capitán para navegar entre enormes icebergs...

Dos días después de partir desde Ushuaia, llegábamos a nuestro primer destino: Half Moon Island. No pude contener la emoción al ver como una vez más se estaba cumpliendo un nuevo sueño. Mis ahorros de los últimos dos años, todas esas fotos y vídeos que tantas veces había visto en google y youtube desde casa, empezaban a hacerse reales a mis ojos. Me encontraba en La Antártida, rodeado de focas y pingüinos. El blanco y el azul de los icebergs y el océano, los colores principales en este rincón del mundo. El silencio apenas roto por la voz de la naturaleza, su banda sonora. La cámara no daba abasto. Fotos, vídeos. Aunque hay algo que ningún aparato electrónico será capaz de recoger: esa fantástica sensación de felicidad al contemplar por uno mismo un espectáculo único y maravilloso. Así me encontraba yo.

Apenas teníamos tiempo para darnos un respiro. Cuesta mucho llegar hasta aquí y había que saborear cada instante al máximo, nunca mejor dicho, pues si La Antártida nos estaba ofreciendo cada día fantásticas e inolvidables vivencias, día tras día el equipo de cocina del barco nos sorprendía con deliciosos menús que estoy seguro satisficieron hasta los paladares más exigentes. Así pues, teníamos los cinco sentidos permanentemente ocupados, ya que cuando no estábamos gozando de suculentos manjares, nos encontrábamos en una sucesión de actividades espectaculares, como cuando nos deslizamos entre toboganes naturales de hielo y nieve, las excursiones en zodiacs hasta las proximidades de los imponentes e impredecibles icebergs o hasta escasos metros de gigantescas y apaciguadas ballenas que gozaban de una tranquila sobremesa en Willhemia Bay, el trekking hasta lo alto de montañas de Nekko Harbour desde donde pudimos contemplar desde una perspectiva distinta aquel maravilloso espectáculo que teníamos alrededor de nosotros, el chapuzón en las frías guas del Océano Glacial Antártico el día que nos llenamos de valor en Paradise Bay, el día de la maratón en las condiciones más extremas de mi vida...


Un largo viaje de vuelta me espera por delante. Es hora de volver al mundo real, asimilar la gran cantidad de sensaciones únicas e inolvidables con las que esta ventura ha inundado mis sentidos durante últimas dos semanas, y recargar energías para los retos que estén por llegar.

Domingo, 14 de Marzo de 2015

Buena onda en Buenos Aires

Valencia-Madrid, Madrid-Nueva York, Nueva York-Buenos Aires... 24 horas de vuelos desde que saliera de Valencia, y más de cuatro años desde que reservara mi plaza para esta aventura, llegaba a la capital argentina con la ilusión de quien viaja por primera vez en busca de un sueño. La mochila de las grandes aventuras en la espalda, la tranquilidad relativa de ir con todo organizado, y la incertidumbre de saber si encontraría afinidad con alguna de las personas del viaje. 

El destino había dado en el blanco de la diana: Joe, mitad americano, mitad lituano... y mitad hongkoniano, no solo era la persona con quien compartía habitación, sino también el tutor que necesitaba para guiarme en mis primeros pasos por Buenos Aires.


Mi mayor duda antes de emprender el viaje era el cambio de moneda, ya que desde el año 2011 Argentina cuenta con un mercado de divisas paralelo, el oficial y el blue, con una brecha cambiaria de casi el doble de beneficios entre uno y otro. Había leído en foros sobre la fiabilidad del mercado blue, también sobre la posibilidad de ser timado con billetes falsos, pero Joe, que había llegado un día antes y ya empezaba a desenvolverse con soltura por los alrededores del hotel, me mostró el camino entre estrechas callejuelas para conseguir en un pequeño negocio 'blue' unos cuantos pesos de más por dolar americano, y de esta forma empezar a funcionar sin ningún tipo de problema con la moneda local.

Buenos Aires es una ciudad bastante moderna, especialmente el barrio de Puerto Madero, uno de mis favoritos, pero solo para pasear, mirar y no tocar, pues se trata de uno de los distritos más exclusivos y caros de la ciudad. Esta versión porteña de Canary Wharf londinense es una zona de antiguos docks portuarios que se reocuparon y se remodelaron con modernos edificios de oficinas, así como de una gran variedad de restaurantes y locales de fiesta de primer nivel. Sin embargo, como toda gran metrópolis, Buenos Aires también tiene su lado tradicional y pintoresco, como el barrio de La Boca, donde parece ser que nació el tango argentino y donde se encuentra la sede de uno de los equipos con más historia de Argentina, el Boca Juniors, en el que Maradona, uno de los llamados mejores futbolistas de la historia, militó en diferentes etapas de su carrera deportiva.



Atrás quedan ya la empanadillas criollas, el choripan y el tremendo calor porteño, pues a partir de mañana la aventura irá poco a poco perdiendo grados centígrados, primero en Ushuaia, donde pasaremos algunas horas, y ya a la tarde, en el Akademik Vavilov, nuestro alojamiento itinerante durante los siguientes diez días.


Jueves, 5 de Marzo de 2015

Žiemą Lietuvoje

El invierno en Lituania dista mucho de los inviernos que solemos tener en Valencia, con temperaturas tan agradables que en ocasiones se puede hasta coger algo de color en la playa o mientras se practica deporte al aire libre. Aquí, sin embargo, invierno se escribe con mayúsculas: el blanco suele ser el color característico del país durante esta época del año, ya que debido a las temperaturas bajo cero las precipitaciones no llegan en forma de lluvia, sino de nieve; prácticamente no se puede salir a la calle sin prendas de abrigo, a no ser que uno pretenda comprar muchos números para coger un buen resfriado; las calles pasan a convertirse en pistas de esquí o, peor aun, de patinaje sobre hielo donde en ocasiones ni siquiera una zancada 'moonwalker' hace que uno se libre de un resbalón.

Pero la verdad es que es fácil acostumbrarse a este ambiente. Es tan distinto. Es tan bonito. Así como un invierno suave en una ciudad como Valencia permite seguir disfrutando de casi los mismos entretenimientos durante todo el año, en Kaunas las actividades típicas de esta época del año son: esquí de fondo en el parque, hacer uso de la creatividad para construir vistosos muñecos de nieve, buscar una buena pendiente y lanzarse cuesta abajo con los trineos que durante estos días se pueden comprar en prácticamente todos los comercios, gamberradas como lanzar bolas de nieve a los autobuses que pasan,  celebrar un cumpleaños en una sauna...


No tengo la suerte de contar con esquíes para deslizarme sobre Azuolynas pero disfruto corriendo sobre una superficie a la que no estoy acostumbrado, todavía no he invertido tiempo en construir un muñeco de nieve ni dinero en un trineo, las gamberradas me contento con verlas desde lejos, pero lo que si ya nadie me cuenta es la celebración de un cumpleaños en una casita de madera con sauna. Muy al contrario de lo que suelen ser las celebraciones en este país, donde los asistentes se visten con lo mejorcito que encuentran en el armario, a este original cumpleaños se debía ir en bañador y toalla, con mucha mucha hambre para llenar el estómago con los deliciosos platos que se suelen preparar en las reuniones de amigos (šašlykas, mmm!!) y mucha mucha cabeza para no caer en las provocaciones de los que pretenden que Stumbras te haga perder el control de la situación. 

Parece ser que el invierno va a continuar mostrando su cara más bonita, la nieve va a seguir siendo un compañero inseparable durante estos días, y yo voy a seguir disfrutando de todo esto como un niño. Soy feliz. No se puede pedir más.


Domingo, 25 de Enero de 2015