Der Frühling ist angekommen

Ya parece que el invierno va quedando atrás, y los días de nieve y lluvia empiezan a dejar paso al sol y a temperaturas más elevadas.

Mi experiencia continua en Berlín de forma que cada día en la capital lo vivo como si fuese el último; vamos, al máximo. Cada día busco nuevos rincones y nuevos lugares que descubrir, y la ciudad cada día me ofrece una cosa distinta. Me resulta increible que todo lo que había imaginado antes de venir, lo haya superado con creces una vez aqui, y todavía quedan días para seguir explorando...

Cuando vine a Alemania, lo hice con la intención de conocer su historia en primera persona, de mejorar el poquito alemán que de momento soy capaz de hablar, y de adentrarme al máximo en su cultura, especialmente a través del deporte, la gastronomía y el día a día de sus gentes en la calle.


Durante toda su historia, Berlín ha sido sede de un sin fin de acontecimientos a gran escala, desde la época de Napoleón (quien a principios del siglo XIX se llevó a Paris como trofeo de guerra la cuádriga que actualmente descansa sobre la Puerta de Brandenburgo), pasando por la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), hasta la caída del Muro de Berlín en 1989.

Para comprender todos estos acontecimientos que han marcado la historia de esta ciudad, además de las exposiciones gratuitas que comentaba en la anterior entrada, he ido ampliando conocimientos con tours y visitas que recomiendo y mucho para quienes vayan a pasar unos dias en Berlin: el Free Tour de Sandemans (4 horas de visita guiada para empezar a orientarse en la ciudad y conocer a grandes ragos los detalles más relevantes de su historia); la visita al campo de concentración de Saschenhausen (la entrada es gratuita y aunque hay audífonos en español por unos 3€, para mi no hay nada como recorrer los rincones del campo con un guía que paso a paso te vaya explicando todo al detalle); la visita a los bunkers antiaéreos con la asociación Berliner Unterwelten (visita guiada por los subsuelos de Berlín en donde se refugiaron los ciudadanos berlineses durante los bombardeos en la II Guerra Mundial).


Comentaba al principio que una de las partes de la cultura que más me gusta conocer cuando viajo es la gastronomía, y en cuanto a esto, no hay nada más berlinés que comer en la calle, especialmente en los mercados que diariamente se reparten por distintas plazas de la ciudad. A día de hoy no sabría decir cuantas especialidades he probado ya: frikadellen, sopa de guisantes, sopa de verduras con salchichas, patatas asadas rellenas de queso y crema de yogurt... Todavía no he repetido, y no pienso hacerlo hasta que no haya probado al menos una vez todo lo que se presenta en estos mercados rurales; toda la comida está estupenda, es sana y muy económica (unos 3€ por ración).


Y bueno, también hablaba de deporte como una parte de mi percepción particular de la cultura, y si cada mañana antes de ir a clase comparto los kilómetros de Tiergarten con otros corredores, bicicletas, animales, excursiones, niños de la guardería..., no será hasta dentro de una semana cuando de verdad entre de lleno en uno de los eventos deportivos que más aficionados reunen en la ciudad: la Berliner Halbmarathon; aunque para esto todavía quedan unos días.


Domingo, 21 Marzo 2009