Cuantas cosas la gente dejará de ver en esta vida por la versión manipulada que los medios de comunicación y especialmente la televisión ofrece del mundo.
Cuando mi madre se enteró que me había sacado los billetes para ir a Rio de Janeiro no podía ocultar su preocupación. Tengo que reconocer que también me transmitía un cierto respeto este destino puesto que yo también había alimentado mi cerebro con algunas historias que había leído sobre asaltos al autobús que va desde el aeropuerto a la ciudad, atracos a mano armada a plena luz del día en sitios bastante concurridos como por ejemplo la playa, la película Ciudad de Dios, que a quienes la hemos visto nos hace pensar que Rio de Janeiro es una favela de 11 millones de habitantes... Pero la realidad, al menos la que he tenido la posibilidad de vivir durante estos días, es bien distinta a todas estas historias que sí es posible que hayan pasado en alguna ocasión, pero que como siempre, son magnificadas por la televisión hasta el punto de hacernos creer que ésas imágenes que nos está transmitiendo son las únicas con las que nos vamos a encontrar.
Había elegido a cidade maravilhosa por su maratón como una parte de mi super proyecto deportivo a escala mundial, y además porque se trataba de un destino que desde hacía mucho tiempo me atraía de una manera especial, porque me parecía una de esas ciudades que por muchas razones sabía que iba a sorprenderme.
Hay ocasiones en las que el interés que ponemos en querer conseguir determinadas cosas se ve inexplicablemente respaldado por ese factor suerte que quienes la persiguen con más ilusión son aquellos que más veces se ven acompañados de este elemento. Una vez más el destino me ha regalado un viaje fantástico al que no le ha faltado de nada, puesto que he sido un turista para visitar como tal los iconos más importantes de la ciudad o darle el gusto al paladar con la feijoada, uno de los platos más típicos de Brasil, en uno de los restaurantes más conocidos de Lapa, pero también me he sentido en muchas ocasiones un carioca más que a su aire disfrutaba de un paseo por Copacabana o se movía con los medios de transporte locales sin problema alguno, que tomaba parte en el evento atlético en ruta más importante del país y tenía su propia torcida que aguardaba a su paso para con sus áminos darme fuerza para afrontar los kilómetros finales, o que conversaba en algo parecido a portugués acerca de deporte, de viajes, de sueños cumplidos y por venir, con aquellas personas que de alguna manera, de repente se habían cruzado en mi camino.
Va a ser muy complicado superar las fantásticas sensaciones que en general me ha dejado Río de Janeiro, la que a día de hoy podría decir sin dudar que se ha convertido en mi ciudad favorita de todas las que he visitado hasta el momento.
Lunes, 28 de Julio de 2014