Hoy doy por cerrado mi paso por Melbourne. Como me suele pasar en muchas de las ciudades a las que viajo, la capital del estado de Victoria me ha dado muchísimo más de lo que esperaba, ya que, al contrario de lo que pensaba, se treata no solo de una gran metropoli que en su día albergó unos Juegos Olímpicos, sino que es muchas cosas más. La verdad es que no la sabría encajar dentro de un estereotipo de ciudad, porque tiene un poco de todo: una parte que todavía está estancada en la época colonial británica con las típicas casas de ese período, el distrito financiero con sus imponentes rascacielos, el siempre vibrante paseo del Southbank con sus contínuos performances callejeros, y como no, la gran zona de parques: Fitzroy, Kings Domai, Royal Botanic Gardens, Yarra y Olympic Park, en el último de los cuales se encuentran buena parte de las instalaciones de los Juegos Olímpicos de Melbourne de 1956, entre las que destacan el Melbourne Cricket Ground y el complejo de pistas de tenis del Open de Australia con su estadio central, el Rod Lover Arena.
Han sido en total cuatro días y medio en los que siete walking tours que me descargué de internet en su día cuando todavía estaba en Valencia han ocupado prácticamente todo mi tiempo de visita en la ciudad, y que me han llevado hasta rincones que de no haber seguido algunos de sus recorridos difícilmente hubiera llegado a conocer.
Esta tarde cojo el avión para desplazarme hacia Nueva Gales del Sur, donde pasaré el resto de mis días en Australia, primero en el pequeño pueblo playero de Bondi, donde si se presenta la ocasión, aprovecharé para hacer un poco de surf, y de cara al fin de semana, en Sydney, donde el domingo participaré en la prueba reina del Blackmores Running Festival.
Miércoles, 12 de Septiembre de 2012