Praga, una ciudad de cuento de hadas

Después de un mes increible en Berlin, ayer por la mañana veía como el sol salía por última vez en la capital alemana. En el camino a pie desde la que había sido mi casa durante un mes en la 73 de la Postdamerstraße hasta Hauptbahnhof, la estación central, me vinieron a la cabeza todos los buenos momentos que he pasado aquí; había exprimido el tiempo al máximo, estaba a punto de partir de una ciudad de la que me había empapado de su historia y cultura desde el primer hasta el último día, y lo hacía con la sensación de una enorme satisfacción por todo lo vivido en este tiempo, pues había cumplido con creces mi objetivo en Alemania. El Eurocity 173 ponía fin a la primera parte de este viaje, y con su partida desde Berlin, daba comienzo a la segunda parte de mi aventura alrededor de Europa.

Después de poco más de 4 horas de viaje con unas vistas espectaculares junto al río Elba, llegaba a Praga. Eran las 13:30h, y solo tenía media hora para orientarme en una ciudad nueva, pasar por el albergue para dejar la mochila y, si me daba tiempo, empezar el 'Tour del Castillo' que cada día organiza Sandemans a partir de las 14:00h.


Aun estoy sorprendido, pues en un tiempo record, conseguí ir desde Hlavní nádraží, la estación pincipal, pasando por el albergue, hasta llegar a Staroměstské náměstí (plaza de la Ciudad Vieja), plaza principal de la ciudad y punto de encuentro de los tours de Sandemans. Con el tiempo justo para llegar a todos estos sitios, no había podido cambiar dinero, ya que en la República Checa siguen sin funcionar con el Euro sino con la corona checa. Fue entonces cuando me encontré con la persona que, usando la 'técnica Disney' que en su día me presentara un profesor del INEF de Madrid, solo accesible para unos pocos en determinados trabajos, me haría llegar toda la magia que una ciudad como Praga puede llegar a transmitir. Esta persona se llama Félix, fue nuestro guía durante mis días en Praga y en este momento, recien llegado como estaba, tuvo el detalle de cambiarme euros por coronas de su propio bolsillo a comisión 0.

Durante más de 4 horas estuvimos conociendo las historias y leyendas del Castillo de Praga (Pražský hrad), y recorriendo los rincones de esta antigua residencia de los reyes de Bohemia, emperadores del Sacro Imperio Romano, presidentes de Checoslovaquia y, más recientemente, también de los presidentes de la República Checa. Media hora después de terminar el tour, justo a las 18:00h, los que no teníamos prisa, esperamos el cambio de guardia para poder entrar de gratuitamente a la 'Calle Dorada', hoy en día repleta de tiendas de souvenirs, pero en su día, en los tiempos de Rodolfo II, considerado por nuestro guía como el 'primer rey hippie' por su pasión por la alquimia y las ciencias ocultas, los 45m que mide esta calle fueron residencia de los alquimistas más destacados de la época y, siglos más tarde, del famoso escritor y filósofo checo Franz Kafka.

Una vez terminado el tour, la idea era ir al albergue, darse una ducha y hacer un poco de tiempo antes de ir a cenar donde Félix me había recomendado, pero el plan dio un giro de 180º cuando llegue al hostal, ya que conocí a un grupo de argentinos y un aleman que también había llegado solo a Praga, empezamos a hablar, y cuando menos nos habíamos dado cuenta, se había hecho la hora de cenar. Yo claro, entre ir solo a comer las hamburguesas que me habían recomendado, por buenas que estuvieran, o ir con un grupo a degustar el plato típico de la cocina checa, ni me lo pensé. Aunque procede de Hungría, la versión checa del goulash consiste de un estofado de carne de buey con cebollas, patatas, pimienta y paprika, acompañado de unas rodajas de pan hervido sin corteza.

Era sábado y el ambiente incitaba a pegarse la fiesta, pero en Praga iba a estar solo dos días, y al igual que los otros 4 compañeros de habitación, fui pronto a dormir. Eso si, algun día tengo que volver con amigos, porque si Praga es una ciudad mágica durante el día, la fiesta que ofrece de noche y al precio que la ofrece es para vivirla alguna vez en la vida.

Esta mañana, tras tomarme el desayuno que venía incluido con la reserva en el albergue, he ido bastante temprano a dar una vuelta sin el agobio de la cantidad de turistas que aprovechan las vacaciones de Pascua para viajar. Luego de pasar por el puente de Carlos IV, el rey más querido de Praga, y de pedirle el deseo de tener un buen viaje a San Juan de Nepomuceno, de nuevo con Félix, el mismo guia de ayer, inicié el segundo de los tours que ofrece Sandemans en Praga, esta vez por las calles y lugares más característicos de Staré Město, la Ciudad Vieja. A ver, el tour del castillo fue muy interesante y me gustó mucho, pero el free tour, con el sentimiento que para cada lugar y situación ponía Félix, lo viví de una forma especial, sobretodo cuando visitamos en antiguo guetto judío y mientras nos contaba algunas de las anécdotas de la ocupación nazi en Praga. Sin duda, de los 3 free tour que he hecho (además de este, también en Berlin y Amsterdam), este ha sido con diferencia el mejor.

Ya a la noche y después de dos fantásticos días en la antigua capital del Sacro Imprerio Romano, de la ciudad dorada, de la antigua capital de Bohemia, continué mi viaje hacia Cracovia. Esta nueva nueva aventura comenzaba como alguno de nuestros chistes: iban camino de Polonia en el vagon litera de seis plazas 3 indios, 2 chinos y un español y... no se sabe como pero el español siempre termina ganando, jajaja!!

Domingo, 4 Abril 2010