La capital de Eslovaquia es uno de los lugares más desconocidos de centroeuropa, alejada de los grandes itinerarios turísticos, y habitualmente eclipsada por vecinas excesivamente grandiosas, por eso, antes de empezar este viaje, Bratislava era, de todas las ciudades a las que tenía pensado ir, de la que menos cosas sabía y, por tanto, de la que menos cosas esperaba.
A las 13:05h del tercero de mis días en Polonia continuaba mi aventura alrededor de Europa y comenzaba mi particular odisea hasta Bratislava. Los problemas no se hicieron esperar, pues justo después del primer trayecto de la jornada, desde Cracovia hasta Katowice, en la estación de esta ciudad, todavía en Polonia, me llevé el susto del día al ver que iban pasando los minutos de la hora prevista para la llegada de mi Eurocity, que iban llegando trenes que no se dirigían a mi destino, que nadie en la estación hablaba inglés para explicarme lo que estaba pasando... Por suerte, veinte minutos después de estos instantes de estrés, finalmente apareció el tren que me llevaría hasta Breclav. Durante el viaje había llegado a olvidar el contratiempo de Katowice, pensando que el tiempo perdido de algun modo lo recuperaríamos a lo largo del camino, pero eso no fue así y a mi llegada a Breclav, ya en Eslovaquia, las sospechas se hicieron realidad y el tren que me tenía que llevar d
irectamente a Bratislava hacía ya unos minutos que se había marchado. Eran las 19:00h y de entre la pocas opciones que me quedaban para llegar a la capital eslovaca, escogí partir lo más rapidamente posible, primero en un tren regional hasta Kuty, y tras un cambio de unos minutos y a su marcha, en un vagón con mini-cabina para el maquinista hasta la antigua Prešporok, eso sí, bien acompañado, porque por lo visto en este país hacen casting para dar trabajo a las revisoras.
Una vez más, los mapas que en su día diseñé para cada una de las ciudades que iban a marcar mi viaje no me fallaron, y el correspondiente a la capital eslovaca me condujo en unos 20 minutos desde hlavná stanica, estación principal de la ciudad, hasta la puerta del albergue. Hasta ayer, lo normal era llegar a la recepción, rellenar los papeles para mi estancia, pagar y marcharme, sin decir más palabras que las necesarias; pero Eslovaquia es distinta. A mi llegada al 'Downtown Backpacker's Hostel', la bienvenida no pudo ser más espectacular, pues a la sim
patía y amabilidad del recepcionista, que con una espontaneidad casi de amigo de toda la vida me preguntó cómo había ido el viaje, de donde venía y en qué países había estado, y me adelantó lo bien que iba a encontrarme en el albergue y lo mucho que me iba a gustar la ciudad, hay que sumar el chupito gratis de Borovička, bebida típica de Eslovaquia, con el que se recibe a cada nuevo huesped.
patía y amabilidad del recepcionista, que con una espontaneidad casi de amigo de toda la vida me preguntó cómo había ido el viaje, de donde venía y en qué países había estado, y me adelantó lo bien que iba a encontrarme en el albergue y lo mucho que me iba a gustar la ciudad, hay que sumar el chupito gratis de Borovička, bebida típica de Eslovaquia, con el que se recibe a cada nuevo huesped.
Todos los viajeros con los que me había encontrado antes de venir a Bratislava me habían dicho que esta ciudad tenía pocas cosas que ver, que lo poco que valía la pena echar unas fotos se veía en un par de horas, opinión que en absoluto comparto con ellos. La ciudad en sí es pequeña, es verdad, pero tiene su encanto, con el Castillo (Bratislavský hrad), que domina la capital desde lo alto de una colina perteneciente a los 'Pequeños Cárpatos', desde donde se pueden tomar las mejores instantáneas de la capital; Staré Mesto o Ciudad Vieja, zona más interesante y pintoresca de la ciudad, donde se encuentran la mayoría de comercios y algunos de los monumentos más peculiares que he visto en mi vida, como Rubberneck o la estatua del paparazzi escondido; y el Danubio, segundo río más la
rgo de Europa, que cruza la ciudad de oeste a este y la divide entre la antigua y la nueva Bratislava. Gracias al calor de su gente allá por donde me encontraba, me sentí perfectamente integrado entre sus habitantes y su cultura, especialmente a la hora de comer, donde por tan solo 4€ me puse las botas con un delicioso kyslá fazuľová polievka (sopa de judías) de primero, y un fantástico bravcovy rezen v sunkovgom cesticku pecene zemizky (carne de cerdo con patatas asadas) de segundo.
Bratislava es un destino que me ha encantado y al que no descarto volver en un futuro, porque Eslovaquia es un país con un nivel de vida muy bajo, porque no hay que marearse cambiado la moneda (desde el 2009 pertenece a la Unión Económica Europea), y porque está situada estratégicamente en el centro de Europa a escasos kilómetros de algunas capitales europeas como: Budapest (196km), Ljubljana (306km), Praga (324km), y como no, Viena, a tan solo 62km de la capital eslovaca. De todas maneras, este sería un proyecto para un futuro bastante lejano.
Jueves, 8 Abril 2010
