Con unas buenísimas sensaciones y el estómago lleno partía desde Bratislava e iniciaba el viaje más corto de esta aventura hacia Viena, a tan solo una hora en tren desde la capital eslovaca.
La historia de Austria que más me podía interesar y que ya conocía de mis días en Berlin está estrechamente ligada a la Primera Guerra Mundial, desencadenada por el asesinato en Sarajevo de Francisco Fernando, archiduque heredero al trono del Imp
erio Austro-Húngaro, y su esposa, Sofía Chotek, a manos del terrorista serbo-bosnio Gavrilo Princip, y a la Segunda Guerra Mundial, con la anexión de Austria (anchluss) al Tercer Reich, pasando esta a formar parte del imperio de Hitler como una provincia de la Alemania nazi conocida como Ostmark (marca del Este). Esto era suficiente para no ir perdido por la historia de la ciudad en mi particular recorrido turístico por los rincones de Viena.
Eran las 16:00h de un día fantástico cuando llegué a Wien Südbahnhof, estación sur de la capital austriaca, así que sin dudarlo un segundo, decidí empezar a hacer turismo desde el mismo momento en que bajé del tren, a cuestas con las dos mochilas que me han ido acompañando a lo largo de este viaje. Buena parte de la tarde la pasé en los impresionantes jardines del Palacio Belvedere, que divididos en tres niveles representan diversas escenas clásicas (el dominio de los cuatro elementos en la parte inferior, el Parnaso en el nivel central y el Olimpo en el superior), y cuando ya empezaba a oscurecer y a dolerme los hombros y las piernas, con una intensa jornada de viaje en la espalda, me fui hacia el albergue para descansar y recargar fuerzas para el día siguiente.
En Viena he estado dos días, y la verdad, ha sido de todas las ciudades que he visitado, la que menos me ha transmitido, la que más se ha separado del concepto de ciudad joven y económica que venía llevando hasta el momento, pues la capital a
utriaca es, para mi gusto, demasiado señorial, excesivamente monumental, con la famosa ópera, multitud de teatros y museos, innumerables cafes, y el Prater, que no es más que un parque de atracciones conocido como Wurstelprater, que se encuentra situado dentro de un gigantesco parque de seis millones de metros cuadrados, en su día coto de caza imperial, y actualmente gran zona recreativa para paseantes, corredores, ciclistas y jinetes.
utriaca es, para mi gusto, demasiado señorial, excesivamente monumental, con la famosa ópera, multitud de teatros y museos, innumerables cafes, y el Prater, que no es más que un parque de atracciones conocido como Wurstelprater, que se encuentra situado dentro de un gigantesco parque de seis millones de metros cuadrados, en su día coto de caza imperial, y actualmente gran zona recreativa para paseantes, corredores, ciclistas y jinetes.De mi tiempo en Austria me quedo con el sabor de la Edelweiss; es para pensarselo, porque he estado en Alemania, país cervecero por excelencia, y Praga, inventores de la misma (1842), ambos con fama de tener la mejor cerveza, si no del mundo al menos si de Europa, y ha sido curiosamente en Austria donde he probado la que para mi se ha convertido a día de hoy en la mejor cerveza del mundo.
La noche de mi segundo día en la capital austriaca viajaba en el vagón-cama del Euronight 462 hasta Munich, y tras un cambio en la capital de Baviera, continuaba mi viaje en el tren de alta velocidad TGV 9576 hasta Stuttgart. De esta manera, justo una semana después de partir de Berlin hacia Praga, entraba de nuevo e
n Alemania, esta vez por el sureste. Era sábado, y durante el fin de semana que tenía por delante tuve la oportunidad de conocer y visitar Stuttgart, capital del Bundesland Baden-Württenberg, y Tübingen, ciudad universitaria situada a casi 40km al sur de Stuttgart y residencia de Sinja, una amiga alemana que hace un par de años estuvo de erasmus en Valencia y que durante estos dos días me ha hecho conocer algunos de los rincones más bonitos de su región.
En mi antepenúltimo día de viaje marchaba temprano de Tübingen para emprender un largo pero espectacular camino hasta Milan, recorriendo Suiza de norte a sur, junto a enormes lagos, a través de Los Alpes y acompañado en todo momento de paisajes tan increibles que me han llevado a plantearme una futura escapada en bicicleta por las montañas de este país alpino. Ya en Milán, Tiziano, viejo amigo de mi año erasmus en Italia y anfitrión durante mis dos días en la capital lombrada, puso la guinda a un viaje inolvidable e irrepetible.
Martes, 13 Abril 2010