Cuando hace una semana eché un vistazo al tiempo y vi lo que me esperaba en Australia no me lo podía creer, ya que, según las previsiones, no iba a tener ni un solo día de sol. Me parecía algo imposible de imaginar, sobretodo teniendo en cuenta que estamos en verano, aunque claro, después del temporal que tuvimos durante los cuatro días en el campamento de surf, ya me podía esperar lo peor. Por suerte para mi, la metereología ha dado un giro de 180º y las nubes y la lluvia han dado paso al sol y a las altas temperaturas.

El sábado por la tarde el sol se hizo definitivamente un hueco a través de las nubes y empezó a descargar su fuerza sobre la playa de Bondi. Esto fue un adelanto de lo que me esperaba el domingo, pues ya desde primera hora de la mañana, se anticipaba un día espectacular, con un sol radiante en el cielo y una temperatura estupenda para embarcarme en el ferry hacia Manly Beac
h, la segunda de las populares playas de la capital de Nueva Gales del Sur. Yo no soy de las personas que puede estar un montón de horas tirado en la arena tomando el sol sin hacer nada más que eso, me canso enseguida, por eso, para aprovechar al máximo el estupendo día que tenía por delante, he pensado que lo mejor era alquilarse una bicicleta y rentabilizar desde bien temprano los dólares que había invertido para recorrer todos los rincones de este atractivo suburbio de Sydney.
Casi seis horas después de dar mis primeras pedaladas y con unos cuantos kilómetros en las piernas, he cambiado las increibles cuestas por las que he estado moviéndome a lo largo del día por una abarrotada playa que me estaba esperando con los brazos abiertos. Era domingo, el día era inmejorable y después de una buena paliza, nada me apetecía más que un refrescante baño en el Pacífico, pero no ha sido tan a mi aire como me hubiera gustado, ya que aquí en Australia la playa sin reglas es para los surfistas, mien
tras que la gente de a pie que va a disfrutar del mar tiene restringida la zona de baño a la pequeña area comprendida entre las dos banderas bicolor (amarillo y rojo). Aunque parezca una tontería, a poco que uno se mete en el mar, ya no digo con el agua por la cintura, basta con que esté a la altura de las rodillas, uno puede darse cuenta de la violencia con la que golpean las olas en este país y lo peligrosas y fuertes que son las corrientes que se provocan en el camino de vuelta del agua mar adentro.
Ahora que el fin de semana practicamente ya ha quedado atrás, puedo decir que he tenido muchísima suerte con el tiempo, ya que sin su especial ayuda, no hubiera sido lo mismo, pues el sol y la excelente temperatura me han permitido llevar adelante las cosas tal y como las había planificado.

Aun así, el fin de semana no empezaba del todo claro; el sol iba a hacerse de rogar. El tiempo era una incógnita el sábado a primera hora de la mañana, pero decidí jugarmela a ir dando un largo paseo hasta Bondi Beach, una de las playas más populares de la ciudad, a ver si con un poco de suerte cambiaba el panorama; pero nada de eso, todo lo contrario, pues la oscuridad del cielo se convirtió en un fuerte chaparrón en la tierra que hizo replantearme por momentos mi decisión. Yo estaba ya a medio camino para entonces y, muy acertadamente por mi parte, decidí seguir para adelante; total, la idea principal era ir a Bondi Icebergs para hacer unos largos en la piscina natural que hay al lado del mar, y, aunque hubiera preferido tener otro tiempo, mojado sobre mojado me daba lo mismo. El tiempo se relajó cuando llegué a la piscina, pero no me esperaba un recibimiento tan hostil en un agua que estaba a una nada agradable temperatura de unos 20ºC; todavía me entran escalofríos de pensarlo. El panorama invitaba a recrearse con las vistas, con las casitas pesqueras dispuestas al lado de un mar plagado de surfistas esperando la ola perfecta, pero apenas podía estar quieto por el tremendo frío que hacía en el agua; supongo que fue por eso por lo que hice una buena tirada de metros en la piscina.
El sábado por la tarde el sol se hizo definitivamente un hueco a través de las nubes y empezó a descargar su fuerza sobre la playa de Bondi. Esto fue un adelanto de lo que me esperaba el domingo, pues ya desde primera hora de la mañana, se anticipaba un día espectacular, con un sol radiante en el cielo y una temperatura estupenda para embarcarme en el ferry hacia Manly Beac
Casi seis horas después de dar mis primeras pedaladas y con unos cuantos kilómetros en las piernas, he cambiado las increibles cuestas por las que he estado moviéndome a lo largo del día por una abarrotada playa que me estaba esperando con los brazos abiertos. Era domingo, el día era inmejorable y después de una buena paliza, nada me apetecía más que un refrescante baño en el Pacífico, pero no ha sido tan a mi aire como me hubiera gustado, ya que aquí en Australia la playa sin reglas es para los surfistas, mien
Ahora que el fin de semana practicamente ya ha quedado atrás, puedo decir que he tenido muchísima suerte con el tiempo, ya que sin su especial ayuda, no hubiera sido lo mismo, pues el sol y la excelente temperatura me han permitido llevar adelante las cosas tal y como las había planificado.
Domingo, 5 Diciembre 2010