Haere mai ki Te Ika Maui

Después de mi experiencia en los glaciares, continúa mi viaje hacia el norte de Nueva Zelanda a lo largo de la famosa costa oeste de la isla sur, rica en una gran cantidad de parajes y lugares sagrados cargados de leyendas, tradición y cultura maorí, siendo el más conocido de todos ellos el Parque Nacional de Paparoa (Punakaiki), una maravilla de la naturaleza en la que se encuentran las famosas Pancake Rocks & Blowholes, formadas hace 30 millones de años por arena y pequeños fragmentos de plantas y animales en descomposición que se fueron depositando en el fondo del océano y que, gracias a que los continuos terremotos y actividad sísmica del lugar elevaron algunas decenas de metros los sedimentos y a que el viento, la lluvia y el agua del mar los han ido moldeando con el paso de los años, culminaron con la formación de este pintoresco paisaje.

Más de diez horas después der salir de Franz Josef llegaba a Nelson, la cuidad con el parque nacional más importante de Nueva Zelanda: Abel Tasman National Park; no digo que no me hubiera gustado ir a pasar al menos un día en este parque para hacer algunas de sus actividades más populares, como trekking o kayaking, pero hay tantas cosas que hacer y que ver en este país que, o se tiene mucho tiempo y mucho dinero, o se hace necesario elegir. En la isla sur yo ya había escogido la excursión a los glaciares como actividad estrella en la que invertir mi tiempo y mis dólares, de modo que Nelson no iba a ser más que una ciudad de paso en mi viaje, una parada en mi camino de menos de 24 horas antes de proseguir mi ruta hacia el norte.

Así pues, a la mañana siguiente partía hacia Picton, donde estaría menos de una hora hasta embarcarme en el 'Kaitaki', el más grande de los barcos de la flota de Interislander que une la ciudad más meridional de la isla sur con Wellington, la primera de mis paradas en la isla norte. Ha sido una pena que estuviera lloviendo desde el mismo momento de la partida, pero bueno, para algo está el chubasquero, ya que no estaba dispuesto a perderme las espectaculares vistas del recorrido hasta salir a mar abierto a través del canal de Tory y la bahía Whekenui, donde, segun cuenta la tradición maorí, el gran navegante Kupe mató al pulpo gigante que había estado persiguiendo a lo largo del Océano Pacífico. Por si no tenía suficiente con el tremendo panorama que tenía ante mi, hemos estado acompañados por unas dos decenas de delfines que han estando jugando con el barco durante unos cuantos minutos, algo que por supuesto no entraba en el precio del billete y que nos ha llegado por sorpresa a los que en ese momento estábamos en la cubierta.

Cuatro horas después de zarpar desde Picton llegaba al puerto de Wellington (Te Whanganui-a-Tara). Si preguntas a un europeo de a pie cuál es la capital de Aotearoa (el nombre maorí con el que se conoce a esta nación y que se traduce como el 'lugar de la gran nube blanca'), seguramente conteste que es Auckland, y así fue durante 25 años, desde que a principios de 1840 se firmara el 'Tratado de Waitangi', mediante el cual Nueva Zelanda se convertiría en una colonia británica, hasta que en 1865 decidiera trasladarse a Wellington debido a su proximidad a la isla sur y a su situación en el centro geográfico del país.


La isla norte es el hogar del mayor porcentage de la población maorí del país, alrededor de un 90% de ellos, no por nada sino fundamentalmente porque aquí el clima es mucho más cálido. Es percisamente en esta isla donde, con el permiso de la costa oeste y de Punakaiki, entro realmente por vez primera en contacto con su cultura y su gente, primero a través de la visita a uno de los museos más importantes del país: Te Papa Tongarewa, y a partir de mañana y durante los siguientes tres días, en Rotorua, la meca de la cultura maorí.

Jueves, 16 Diciembre 2010