Llevo casi un mes de viaje, y durante todas estas semanas apenas había dedicado tiempo para no hacer nada, ya que siempre he procurado tener ocupado cada día con algo distinto. En Fiji he dejado de preocuparme por el tiempo, he aparcado las mochilas durante unos días y he dejado atrás las constantes lluvias de Nueva Zelanda para volver a disfrutar del sol y la playa. Con mi llegada a la Polinesia, he recuperado el clima tropical que perdí en Cairns hará unas dos semanas.
Beachouse ha sido mi hogar en Fiji, un espectacular resort para backpackers con más de cuatro hectáreas de jardín tropical y una paradisiaca playa de arena blanca, situado en la Costa de Coral de la principal de las más de 300 islas que forman el país: Viti Levu. Por su especial situación en medio de la nada, a medio camino entre Nadi y Suva y a unos 45 kilómetros de la ciudad más cercana (Sigatoka), no fue nada fácil llegar desde el aeropuerto, ya que era demasiado tarde (aunque solo eran las 16:30h) para coger un autobús que me llevara hasta el resort; pero bueno, una furgoneta en la que íbamos nueve personas se encargó d
e jugar su papel para darle ese toque de aventura que nunca suele faltar en mis viajes. El cómo llegué a colarme en una furgoneta que iba de camino a Beachouse en la que el único extranjero era yo es una larga historia que me ocuparía demasiadas líneas o incluso una entrada entera; esto es algo que prefiero contar en persona cuando tenga la oportunidad, ya que no tiene desperdicio...Mis días en el resort los he dedicado a nadar un poco cada mañana sobre la barrera de coral, a aprovechar el acceso gratuito a internet para poner al día algunas cosas, y a ponerme las botas con todo tipo de
Podría decir que esto han sido como unas pequeñas vacaciones dentro de mi viaje. No voy a decir que necesitaba un descanso porque de verdad me encanta viajar independientemente del medio de transporte que sea (a todos les encuentro su punto bueno), pero he de reconocer que me han ido muy bien estos días de relax después de haberme recorrido en autobús casi to
da Nueva Zelanda en diez días, y justo antes de regresar hacia España en un largo camino que me tendrá entretenido unas 48 horas, siempre que todo vaya bien, claro, pues el temporal de frío y nieve que está azotando Europa está obligando a retrasar y cancelar muchos vuelos... A ver si sigo cogido de la mano de esta tremenda suerte que me viene acompañando desde el principio de la aventura y no me abandona ahora que estoy ya en la recta final.No puedo creer que vaya a volver a casa después de tanto tiempo, de tantas experiencias vividas, de tantos sueños cumplidos de una sola vez. Esta noche vuelvo a cargarme a la espalda una mochila llena de fantásticos recuerdos para emprender un nuevo viaje, el que espero que se convierta en el deseo que me falta por ver cumplido en esta inolvidable aventura: que ningún imprevisto me impida proseguir mi largo camino hasta Valencia para que pueda sentarme a cenar con mi familia el 24 de Diciembre y disfrutar junto a ellos de la cena de la noche de Navidad.
Jueves, 23 Diciembre 2010
